noviembre 24, 2017

Acerca de Ressemblance

Lobeda

Ressemblance: Cuando los deseos viajan

What happens is always so far ahead from us, that we can never catch up with it and know its true appearance.

De la película W imie de Malgorzata Szumowska

En el mes de Febrero de 2013 fui invitada por segunda vez por el Servicio de intercambio Académico Alemán a realizar un proyecto. Mi primera experiencia en Alemania como becaria fue entre los años 2006 y 2007. En ese momento me interesé por todas aquellas personas que como yo, eran extranjeros, lo que derivó en una serie de retratos fotográficos. Las migraciones me interesan; estar en un lugar extraño, sentirse extranjero. En aquella oportunidad les pregunté a todos qué habían venido a buscar a Alemania. Esta vez, 5 años más tarde y con una distancia considerable de aquellos años de estudiante, decidí hacerlo nuevamente pero sólo con becarios argentinos. Esto me permitiría volver sobre el tema de las migraciones, hacerme preguntas sobre el presente de mi país  y encontrarme con parte de la historia de occidente en Alemania. Viajar para narrar; con mi cámara de fotos y como diría John Berger, con la escritura, como lucha para dar significado a la experiencia y aumentar la intimidad con ella.

Me puse en contacto con los becarios y fui armando el itinerario de viaje para ir a buscarlos. Los encuentros incluirían fotografías del lugar de trabajo, un retrato, una entrevista de 6 preguntas, un relato del encuentro y el envío de una postal donde los becarios dejarían por escrito algo en relación a su experiencia de viaje. Recorrí 5 ciudades: aterricé en Berlín, donde me encontré con Clara, una socióloga a punto de terminar su doctorado y con Julia, una artista que trabaja con su historia personal. Luego llegué a Braunschweig, una ciudad a 1 hora de Berlín, donde me encontré con 3 estudiantes de ingeniería y desde ahí seguí viaje a Karlsruhe. Allí conocí a Mariela, haciendo su doctorado en Física, y a otros tres estudiantes de ingeniería, Juan, Manuel y Maxi. El próximo destino fue Jena y Weimar. En Jena conocí a Damián, que tenía una beca para hacer su doctorado en filosofía, y en Weimar a Carlos también realizando parte de su doctorado en arquitectura. Desde Jena tomé un tren hacia Rostock, donde me esperaba Clara, la socióloga, con quien había estado en Berlín, pero cuya base estaba en esa ciudad. Volví a Berlín donde pude entrevistar a una pareja, Alejandro y Lucía -ella llevando a cabo su doctorado en filosofía- y él, en geología. Mi interés se centra en este grupo de personas que eligieron autoexiliarse. Quería preguntarle a estos viajeros acerca de sus deseos y sus miedos. Saber acerca de la idea que ellos tenían del pasado, el presente y el futuro, era algo que me atraía. En definitiva, ellos serían mis guías en este viaje.

Nota de la autora: Como introducción al viaje, se presentan dos mails. Las entradas posteriores están por orden cronológico, es decir el final del viaje se encuentra en las primeras entradas del blog y el principio en las entradas antiguas.

El blog también se puede recorrer mediante las solapas ubicadas arriba que indican el nombre de cada becario: incluyen la entrevista, el relato de la llegada a la ciudad, fotografías y la postal que enviaron.

noviembre 23, 2017

Primer Mail

Queridos Todos,

La llegada a Alemania fue muy buena a pesar del intenso frío. Casi que no me di cuenta al llegar al aeropuerto de Berlín y bajé con la remera sin mangas y la campera de cuero con la que venía desde Buenos Aires. La escala en Madrid no me advirtió del frío que me esperaría en Berlín.

Recién al subir al tren que me llevaría a la ciudad, entendí que había llegado. Siempre me resulta raro desembarcar en el otro lado del mundo unas pocas horas después de haber dejado Buenos Aires. El departamento, donde me quedé en Berlín, resultó muy cómodo y lindo. La dueña, Kathrin, tiene una perra llamada Pina (sí, como la gran Pina Bausch) y ha trabajado muchos años en las galerías de arte de Berlín.

Berlín como siempre hermosa y ahora fría. Fui a la Berlinale con mi amigo Pascal y  logré ver bien de cerca a Jane Fonda, Matt Damon y a Gus Van Sant: Una cholu en la alfombra roja. Vi una película Polaca W IMIE, in the name of  de la directora polaca Malgorzata Szumowska y me quedó resonando un texto que dice el personaje principal:

Every day we die and are reborn again.
We become filled with doubt.
We lose faith in things that we used to value,
and the things we loved – repel us.

En el medio de todo esto, trabajé en el proyecto que vine a hacer y logré hacer 2 entrevistas a becarias argentinas, Clara una socióloga y Julia, una artista. Presenté el trabajo a mi profesor de la KHB, la misma escuela donde había estado 5 años atrás. Me recibieron como si hubiera estado ayer. Me encantó volver, usar la biblioteca y las salas para trabajar donde tanto tiempo había pasado.

Después partí en el tren hacia Braunschweig, donde me esperarían 4 becarios más, todos ellos estudiantes de ingeniería. En Braunschweig, vi dos muestras impresionantes de artistas locales: Bogomir Ecker y Harmut Neubauer. La de Bogomir me pareció increíble, una cita a Evidence, con la incorporación de una instalación.

Los becarios se prestaron amablemente a posar y a contestar las preguntas de la entrevista que tenía preparada. Después de vagar un par de días por la ciudad, empecé a sentir síntomas de gripe. Recordé entonces que al partir de Berlín, Kathrin estaba enferma y me había saludado desde lejos deseando no haberme contagiado…

Emprendí viaje hacia Karlsruhe, una ciudad casi en la frontera con Francia, en busca de más becarios. En el tren, me empecé a sentir afiebrada y ya con las últimas fuerzas, llegué al hotel. Aunque me sentía mal, a primera vista la ciudad me gustó mucho. Caí en cama con fiebre y tuve que faltar a la cena de bienvenida que me habían preparado los becarios. Al día siguiente, me levanté mejor. Recibí las coordenadas del encuentro con los becarios y partí hacia el campus norte del KIT (Karlsruher Institut für Technologie, es el MIT alemán). El encuentro sería en medio del bosque y entrevistaría a una doctora en física y a 2 ingenieros químicos. El lugar era gigante y cargado de agentes de seguridad, pero llegué a salvo y logré pasar. Los becarios, de lo más hospitalarios, me llevaron a recorrer los laboratorios y me contaron un poco acerca de los experimentos que estaban haciendo en el campus. Pasé todo el día con ellos, y me sentí muy bien. Fuimos al carnaval de la ciudad – que justo se hacía ese día- y terminamos el día comiendo panqueques en una de las residencias.

Me dieron ganas de quedarme un poco más, pero esa mañana salía mi tren con destino a Jena -una ciudad al este de Alemania, a unas 4 horas de Karlsruhe. El paisaje desde el tren fue de los más lindos hasta el momento, un campo absolutamente blanco y rodeado de montañas. Cuando llegué a Jena, me pareció un pueblo como los de los cuentos. Mañana me espera Damián, que está haciendo su doctorado en filosofía, justo en esta ciudad donde vivieron tantos filósofos. Pasado mañana me espera Weimar, donde voy a entrevistar a un arquitecto sanjuanino. Hoy cuando llegué al Hostel, el dueño me sentó a su lado en la computadora y me mostró todo lo que debía ver en Weimar y me dijo: Weimar es una de las ciudades más culturales del mundo y también una de las más oscuras por su historia nazi. Eso sí, aquí hace más frío que en cualquiera de las otras ciudades y la calle está llena de nieve. Ahora me queda el resfrío.

Veremos que me deparan estos días,
después volveré a Berlín a cerrar el trabajo.

Un abrazo a todos,

Jimena.

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noviembre 23, 2017

Segundo Mail

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Queridos Todos,

debía la segunda parte del relato de viaje, aquí va.

El jueves posterior a mi llegada a Jena, amanecí temprano. Había quedado en encontrarme con Damián a las 10 de la mañana, me dijo que pasaría a buscarme por el hotel. Estaba ansiosa por pasear por Jena, así que me levanté temprano, ordené un poco mis cosas, desayuné y salí con la cámara una rato antes de las 10. Volví y me encontré con Damián.

Cuando llegó, Damián me contó sobre su proyecto (que estaba relacionado con Napoleón) y sobre algunas de las razones por las cuales estaba en Alemania. Hicimos las fotos en la biblioteca, fuimos a comer al comedor de la universidad la Mensa, como la llaman los alemanes, y después nos tomamos un café en un bar donde le hice la entrevista. Mientras sacaba las fotos, se me cayó la cámara y pensé que ya no funcionaría. Esto hizo que mi humor cambiase repentinamente. Damián me acompañó hasta una casa de fotografía donde podrían revisar la cámara. Después de hablar un buen rato con el señor de la casa de fotografía y descubrir que la cámara estaba bien, me volvió el alma al cuerpo. Cuando me despedí de Damián, me recomendó que fuera a Lobeda. Esto quedaba en las afueras de la ciudad y allí se encontraban los edificios de la DDR, como llaman los alemanes a la ex Alemania comunista. Cámara en mano, emprendí viaje hacia allí.

Desde el tranvía, el paisaje se iba transformando: de casas bajas y parques, a construcciones gigantes. Cuando bajé me sentí perdida, el frió y el espacio tan amplio me abrumaron. Di unas vueltas, saqué algunas fotos como pude y, a la falta de un café a la vista, sentí que el lugar me expulsaba. Decidí volverme.

Al día siguiente, me tomé el tren hacia Weimar donde me esperaba Carlos, un arquitecto sanjuanino. En la estación de Jena Oeste, me encontré con una placa en conmemoración a los judíos que habían sido llevados desde esa estación al campo de concentración. Me quedé pensando hasta que llegó el tren, intentando nuevamente comprender aquel horror. Cuando llegué a Weimar, tomé el bus que me llevaba a Buchenwald, uno de los campos de concentración donde habían muerto muchas personas durante el nazismo. Dudé antes de subir, y me pregunté si era necesario ir a ese lugar… Subí al bus y llegué a una de las ruinas del gran surco de la humanidad.

El viaje fue por el bosque nevado, pude ver rápidamente el monumento gigante de los rusos a sus caídos en el campo. La sensación en el lugar fue extraña, el cuerpo tenso y la mirada en el horizonte. El lugar era muy grande, había que caminar mucho para llegar de un lugar a otro. Pasé por algunas estaciones del horror y ya no quise seguir. Aunque salió el sol, mi cuerpo seguía entumecido, entonces decidí volver… Cuando llegué a la ciudad, me pareció bellísima. Me zambullí en el museo de la Bauhaus y encontré ese mundo tan increíble que se había dado en esa Alemania de entreguerras. En aquella ciudad habitaban el espanto de la muerte y la atrocidad  junto a la expresión y la creación humana… Me quedé mirando la foto que estaba en la entrada del museo, donde estaban todos los estudiantes en una fiesta e imaginé ese momento y a esas personas llenas de vida.

Me encontré con Carlos frente al monumento de Goethe y Schiller. Lo vi hablando con unas señoras y enseguida me di cuenta que era él. Nos presentamos y fuimos a pasear por algunos puntos importantes de Weimar, como la casa de verano y el parque de Goethe, la biblioteca Amalia y el emblemático edificio de la Bauhaus. Durante el paseo, Carlos me contó acerca de su proyecto de urbanismo. Cuando volvíamos, ya estaba empezando a nevar. Nos despedimos en la parada del bus y me tomé el tren de regreso a Jena.

Al día siguiente saldría para Rostock, una ciudad pegada al mar del este; tendría unas 6 horas de viaje en tren por delante. El viaje a Rostock fue incómodo, ya que tuve que cambiar 3 veces de tren, y al pasar por Berlín, me dieron ganas de quedarme. En Rostock me esperaba Clara, la socióloga que había entrevistado en Berlín: ahora iría a vistarla a su lugar de trabajo. La estadía con Clara fue intensa ya que sólo estuve un día y medio en Rostock. Apenas me alcanzó el tiempo para sacar el retrato, hacer la entrevista y conocer la ciudad. Llegamos hasta Warnemünde, un balneario estilo Mar del Plata. El clima allí era muy lindo: gente paseando, comiendo pescado y tomando Gluhwein, el típico vino caliente y especiado, antídoto contra el frío.

El domingo a las 6 de la tarde, partimos juntas de regreso a Berlín. El viaje duró 3 horas y ¡no paramos de hablar! Cuando llegamos a Berlín, nos separamos en la estación de tren. La idea era volver a encontrarnos para cenar antes de mi partida. Esta vez, invitaríamos también a Julia que tenía interés de conocer a Clara.

¡Esa última semana en Berlín fue una locura! En ese corto plazo, tendría que terminar de revelar el material, entrevistarme con profesor K. por última vez, visitar a mi Oma (mi abuela alemana que vive allá) y todavía me quedaban 2 becarios por entrevistar. Pude hacer todo, menos encontrarme nuevamente con Clara y Julia. A la emoción de estar llegando al final del viaje, se le sumó la tristeza de ver a una Oma con el lenguaje perdido. La visité en el hogar de ancianos donde vive. Supe entonces que después de la última operación de caderas, había quedado sin posibilidad de hablar; solo balbuceaba.

La noche anterior a partir, me encontré con Osvaldo, un artista argentino radicado en Berlín que vivió el período de los ’80 en Buenos Aires con Ballesteros, Macchi, Suárez y hasta el famoso Luca Prodan. Le mostré mi trabajo y me dio una devolución muy contundente. Además, me regaló su catálogo donde estaban muchas de sus instalaciones. Las horas pasaron rápido y finalmente llegó el momento de la partida. Esa noche casi no pude dormir, tenía mucho equipaje y debía levantarme a las 4 de la mañana para tomar el vuelo hacia Madrid donde haría la combinación con el vuelo hacia Buenos Aires. Me llevó hasta el aeropuerto un taxista alemán que no estaba de buen humor. Afuera nevaba.

Cuando llegué a Madrid, el clima era muy distinto, la gente también. Como tenía 8 horas de espera, me fui directo al Prado a ver a Velázquez y a El Bosco. Almorcé y volví al aeropuerto. El vuelo fue bastante movidito, y cuando aterricé en Ezeiza, sentí una emoción extraña. Estaba contenta por todo lo vivido y agradecida por volver a casa.

El viaje en taxi hasta casa fue muy distinto al de Berlín. El taxista era un lector apasionado; me ayudó con las valijas con una sonrisa y me contó de su proceso de cambio interno. Me contó también que leía a Kafka y a Dostoyevsky entre otros. Me dejó en la puerta de mi casa, me entregó las valijas y me dijo: Sé libre.

Acá estoy de vuelta,
Abrazo a todos,
Jimena.

 

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noviembre 22, 2017

Regreso a Buenos Aires

24 de Febrero 2013

Casi no pude dormir. Me tiré en la cama, pero a las 2 horas me puse a ordenar todo y al rato llegó el taxi. Había pedido el día anterior que el taxista me ayudara con el equipaje ya que estaba en un 4to piso y no podría bajar todo sola.

Sonó el timbre, el hombre subió; era enorme, no era amable, más bien estaba enojado con la situación. Bajamos las valijas y emprendimos viaje. Afuera nevaba, el frío era intenso una vez más y no me sentía cómoda en el taxi. Después de algunos minutos en silencio, me preguntó si era italiana (a lo largo del recorrido me preguntaron si era italiana o francesa o griega) y entablamos una típica conversación de viaje en taxi hasta llegar al aeropuerto de Schönefeld. El taxista cambió su actitud durante el viaje y finalmente me despidió con una breve sonrisa o mueca. Mi vuelo salía a las 6 am hacia Madrid, donde tendría una espera de casi 8 horas para volar definitivamente a Buenos Aires.

Cuando llegué a Madrid el clima era muy distinto: la gente, la luz; sentía haber salido de un ‘adentro’ para llegar a un ‘afuera’. Había más ruido y enseguida mi cuerpo cambió de estado. Dejé mis cosas en en un locker del aeropuerto y emprendí viaje hacia la ciudad. Había estado en Madrid unos años antes y me había quedado pendiente visitar el Museo del Prado. Tomé esa escala como una oportunidad para ver finalmente ‘Las Meninas’ de Velázquez y ‘El jardín de las delicias’ de El Bosco, dos de las obras más inquietantes de la historia del arte. Hay algo tan intenso que sucede entre la obra y uno… Estar parada delante de ellas, no solo por el tamaño sino por ese momento mágico de acercarce para poder ver las pinceladas, o aquellas pequeñas grietas de la pintura que se hacen con el tiempo… Y luego volver a alejarse para poder ver la totalidad que nunca es tal. Me conmueve esa comunicación que sucede entre personas que habitaron en distintos tiempos y espacios…

Cuando miraba El jardín de las delicias, no pude dejar de pensar en los años que me separaban de ella y todo lo que había pasado en la historia en ese tiempo entre El Bosco y yo. Pensé en ese paraíso y en ese infierno, en aquellas figuras diminutas, esos cuerpos danzantes y sufrientes, pensé en aquella República de Weimar y en la Shoah.

Y cuando me paré frente a Las Meninas, pensé en la duda que siembra esa pintura. En aquel sentido bloqueado, y en la figura de una Velázquez que te interroga, que se ha puesto ahí para decir algo, una mirada tan inquisidora como la de Dios en el jardín del Eden de El Bosco. Y esas son las mil y un vueltas que hace la mente para tratar de comprender a veces lo incomprensible, si es que el arte se trata de eso, de esa comunión entre el azar y el desconcierto.

Me hubiera quedado todo el día allí, contemplando a aquellas dos, mezclada entre la gente que las visitaba, pero estaba hambrienta. Disfruté mucho de ese almuerzo, tan llena de Velázquez y El Bosco.

Caminé un rato por la ciudad, me sorprendí con los colores, el cielo era mucho más azul, y el sol pegaba con más intensidad, lo que hacía que el rojo fuera más rojo. Me subí al bus que me llevaba al Aeropuerto, disfruté ver desde la ventanilla esa vida urbana tan distinta a la que había visto en Alemania, era todo más parecido a casa. El vuelo de regreso no fue tranquilo, yo estaba inquieta y el avión no paró de moverse. Cuando estábamos cerca de aterrizar, me invadió una sensación de nostalgia y felicidad al mismo tiempo. Cuando bajé sentí la pesadez del clima, esa humedad típica de Buenos Aires me abombó inmediatamente. La escala en Madrid había sido un remanso. El taxista que me llevó hasta mi departamento era muy distinto al de Berlín. Era un señor bajito, que me ayudó con una gran sonrisa con todo el equipaje. Charlamos todo el viaje, era bien temprano por la mañana y mientras me miraba por el espejito retrovisor me contó que era un lector apasionado, leía a Kafka y a Dostoyevsky entre otros y estaba en un proceso de cambio interno.

Llegamos, me dejó en la puerta, me entregó las valijas y otra vez desplegó su sonrisa para decirme: Sé libre.

noviembre 17, 2017

Últimos días en Alemania

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23 de Febrero 2013

Los últimos días en Berlín fueron intensos. Tenía todo el material para revelar, así que me tomé el Tram al Foto-labor de la Pappelalle que me había recomendado Pascal. Estaba ansiosa por ver lo que había fotografiado; con la película uno siente que trabaja a ciegas, hay algo que sucede adentro de la cámara que es todo un misterio y ya quería saber qué había sucedido. Tenía cita con el Professor en un par de días para mostrarle el progreso del proyecto antes de irme.

Con el material listo y revisado, fui a encontrarme con el Professor K. en la escuela. Cuando hablamos por teléfono, me dijo que estaba con unas entregas finales y que tendría que esperarlo un rato. Llegué con el M2 hasta la parada final y caminé hacia la KHB. Me compré un café en el bar y me senté en una de las mesas que miran el gran patio verde de la escuela, ahora todo nevado. Recordé el tiempo que pasé en la escuela; me gustaba estar entre los estudiantes, esa quietud y ese murmullo en alemán, tenía ganas de volver el tiempo atrás…

Sonó el celular. Era el Professor que me decía que ya estaba en su oficina y que me esperaba allí. Caminé por los pasillos hasta llegar a la oficina. Sentía la tensión de hablar en alemán -siempre pongo mucho esfuerzo en tratar de poner bien los artículos y no olvidarme de los verbos al final, aunque casi siempre fallo.

La charla con K fue de lo más fluída. Le mostré el trabajo anterior, las fotos que había sacado en este viaje y me hizo varias preguntas. En un momento me miró a los ojos y me dijo que entendía lo que era para nosotros los fotógrafos viajar con todo ese equipaje a cuestas: cámaras, trípode, película, laptop… Le comenté que había lidiado con la luz todo el viaje. Miró hacia afuera con resignación; afuera nevaba y me dijo: ‘Claro, aquí el clima es difícil’…Für mich ist aber sehr schön’, le dije y se volvió hacia mí con un gesto apático… Interpreté que el Professor odiaba el frío; en cambio a mi me parecía hermoso. Le agradecí. Me gustó mucho ese momento; fue un alto en el viaje, una reflexión sobre lo que había trabajado.

Al día siguiente amanecí temprano, me quedaba sólo ese día para terminar de ordenar mis cosas. A la noche había quedado en encontrarme con Osvaldo, un artista argentino que vive en Berlín desde los ´80.

Salí a desayunar. Como no tenía apuro esta vez, cambié de bar. Me fuí al de la esquina de la Zionskirche y la Choriner Straße. Me encantaba ese bar, tenía algo moderno pero también quedado en el tiempo berlinés. Me tomé un café con mi predilecta: la schokocroissant. Sólo me senté ahí, no quería hacer más nada; sólo estar sentada en ese bar, mirando por la ventana. Tomé el cuaderno e hice un pequeño dibujo de lo que veía. De pronto el camarero me preguntó de dónde era. Resultó que él era mexicano y terminamos hablando un rato en español.

El día transcurrió tranquilo hasta que por la noche nos encontramos con Osvaldo en un restaurante chino cerca de Hackescher Markt. Sentí esa familiaridad que había experimentado cada vez que me encontraba con un argentino. Cuando llegamos, me corrió la silla para que me sentara y me dijo que le gustaba hacer eso, ya que en Alemania las mujeres no se lo permitían porque sentían que era un gesto machista. Me contó sobre el mundillo del arte en los 80s en Buenos Aires. Había sido parte del grupo conformado por Ballesteros, Macchi, Suárez y había pasado tiempo con el famoso Luca Prodan. Quedé cautivada por el relato de aquella escena artística de los 80s, era un momento de mucha ebullición en el medio. Me contó que después de algunos sucesos, había decidido emigrar a Berlín.

Le mostré mi trabajo y me dió una devolución muy contundente: Creés en algo… me dijo. No supe muy bien cómo reaccionar, me perturbó el comentario… Hablamos sobre lo poético y lo autobiográfico y me dijo que para él la poesía era lo más importante. Me recomendó que leyera a Macedonio Fernández, uno de sus poetas favoritos. Me regaló el catálogo donde estaban muchas de sus instalaciones y me dieron ganas de verlas en vivo.

Las cenizas de los días que fueron

flotando en el Pasado

como en el fondo del camino

el polvo de nuestras peregrinaciones.

Ojos que se abren como las mañanas

y que cerrándose dejan caer la tarde.

(1904) Macedonio Fernández

Lo acompañé hasta la boca del subte que lo llevaría de regreso a su casa en el oeste de la ciudad.

Era tarde cuando llegué al departamento y solo pensaba en lo poco que iba a dormir. Me levantaría a las 3 de la mañana, ya que tenía pedido un taxi a las 4 para salir hacia el aeropuerto de Schönefeld. Me quedaba el comentario de Osvaldo dando vueltas en mis pensamientos y sentí finalmente que hoy ya era mejor no creer en nada.

noviembre 16, 2017

Con Lucía y Ale en Berlín

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¿Qué viniste a buscar a Alemania y qué es importante para vos de este viaje?

Ale: Varias cosas, creo que principalmente un desarrollo académico-profesional. Vine a buscar vivir en una sociedad diferente a la mía, yo soy Argentino, pero estuve un tiempo viviendo en Estados Unidos. Buscaba otro tipo de vida, cómo me podía encontrar es una sociedad que es diferente a las otras dos. También en el primer viaje a Alemania, fue donde empezamos la convivencia con Lucía. Todo esto mejoró mi impresión sobre mi mismo y sobre los demás.

Lucía: Vine a buscar un cambio de perspectiva, vivir en otro lugar haciendo lo que me gusta. Vivir lo cotidiano en otro lugar. Siempre pensé que podía aprender de una experiencia así, estar fuera, sin amigos, familia, sin los símbolos que entiendo y las estructuras que conozco. Sentía que esto me ayudaría a cambiar cuestiones de mi vida personal y profesional. Vivir en otro contexto y adaptarme.

¿Cómo se ve Argentina desde Alemania?

Ale: Se ve de distintas maneras. A veces tenés la impresión de que se ve que Argentina está mal…pero es un punto de vista al estar afuera. Muchas veces leo los diarios de Argentina y siento todo allá es más complicado, pero creo que es por la distancia, al no estar metido en la sociedad la lectura de los hechos cambia. De todas formas también creo que cuando estás viviendo afuera la percepción es que no es todo tan malo como sentís cuando estás allá. El hecho de vivir en otro país te permite ver esos problemas de otra forma, te das cuenta que esos problemas al final no son tan graves en sí. Que esos problemas tienen solución, no será fácil, pero la hay.

Lucía: Creo que desde acá Argentina se ve bien, se ve mejor que estando allá. Me fue posible detectar cuales son los problemas que creo tenemos que resolver para estar mejor. Desde mi perspectiva veo que son problemas de relaciones sociales, y creo que es muy posible cambiarlos, porque no son esenciales, no hacen a nuestra naturaleza y se pueden resolver modificando conductas. Creo que estando inmerso todo está mal, pero desde afuera se puede distinguir y son cosas resolubles.

¿Notás algún cambio significativo, en relación a tu vida, a tu carrera o a tu personalidad?

Ale: Creo que haber vivido tanto tiempo afuera de Argentina, me hizo ser mucho más abierto a diferentes actitudes, reacciones, o formas de entender las mismas cosas. Es algo muy de porteño decir: Las cosas son así. Y viviendo en otros lugares, te das cuenta que las cosas no son siempre como uno cree, y entendí que las cosas se pueden hacer de otra forma, a veces mejor, a veces peor, pero no hay un camino para seguir “ideal” o ” el que hay que seguir”. Haber vivido en diferentes sociedades me dio la posibilidad de ver que hay otras perspectivas y distintas formas de abordar el mismo problema. Me abrió la cabeza pensar en esto, en los diferentes caminos para resolver, para poder entender a la gente, para poder relacionarme con el otro.

Lucía: En lo personal sí, porque estar acá fue una suerte de independencia y de fortaleza. También estar con mi pareja, habernos casado, empezar una convivencia, fortalecer la relación es muy importante. Y a nivel profesional también, yo me fui apenas comencé el doctorado, y cuando llegué el trabajo tomó otra dimensión, le dí más importancia, me lo tomé más en serio.

¿Hay algo que te haya marcado hasta el momento?, ¿Algo que consideres un hito dentro de la estadía?

Ale: Sigo con las diferentes culturas…por mi trabajo estuve en Kirguistán. Kirguistán es un país con una cultura totalmente diferente a todas las que conocí. Gente tan diferente…no son occidentales, eso ya es totalmente contrario a nuestra cultura, son musulmanes, tuvieron un régimen soviético impuesto y tienen otra formación cultural de base. En general cuando voy al campo, lo que hago es subir montañas y sacar muestras. Una vez allá en Kirguistán, había solamente 2 caballos disponibles, entonces fui yo con un kirguís. Teníamos que pasar el día, subir la montaña y bajar. Yo no hablo ni kirguís, ni ruso…la comunicación estaba complicada. Estuvimos todo el día juntos sin hablar, y cuando estábamos volviendo el tipo se paso todo el regreso cantando, silbando una melodía kirguís. Y de pronto no se como interpreté que me pedía que le cantara algo de Argentina. Y eso es muy parecido a lo que pasa en el campo en Argentina, la gente cuando va a caballo, canta, silba, ese es el folclore. En ese momento se me presentó algo muy humano…gente que está en Kirguistán, en un país muy lejos del nuestro con otra base cultural, pero al final hay un punto de conexión con la música que es el mismo, en una montaña en Kirguistán o en un campo Argentino.
Ale

Lucía: La sorpresa de estar en las bibliotecas de las universidades. El estar en ese ambiente tan predispuesto hacia los estudiantes…tan organizado, cómodo, con tanta bibliografía. Otra cosa que me marcó fue el primer invierno, fue muy distinto a vivir el de Buenos Aires.

¿Cómo te imaginás tu futuro? Expectativas, sueños, miedos, esperanzas.

Ale: Me imagino bien en principio. Me lo imagino en Argentina. Lo que hace esta experiencia es mejorar mi futuro. Sea cual sea, me parece que va a ser mejor del que hubiese sido si me hubiese quedado en Argentina. Estoy seguro de eso.

Lucía: El futuro me lo imagino en Argentina. Mi intensión es seguir en la investigación, poder conectarme mucho con el afuera, el haber estado acá ya me abrió la cabeza hacia el intercambio. Lo más importante de estar acá es la reunión con gente de todos lados del mundo y eso en Argentina no es tan común. Se tratan los mismos temas pero desde distintos puntos de vista.

Lucia

¿Te quedarías en Alemania definitivamente? ¿Cómo plan de vida?

Ale: No. No sería el lugar donde yo me quedaría a vivir para siempre. Creo que mi cultura es tan fuerte, que me sería muy difícil desprenderme totalmente de eso. Si realmente querés plantear una vida en Alemania, tenés que dejar de lado un montón de cosas que no estaría dispuesto a resignar.

Lucía: Me gustaría mucho ir y venir. Me gusta Alemania, me siento muy bien acá, y me gustaría seguir viniendo. Establecerme para siempre, no, para eso pienso en la Argentina.

noviembre 15, 2017

Volver a Berlín

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18 de Febrero 2013

Volví a Berlín en el Regio que tomamos con Clara en Rostock. Nos despedimos en el S-bahn, yo bajaba en Hackescher Markt y Clara seguía. Parada ya para bajarme, quedamos en volver a vernos y cenar con Julia antes de mi partida, que sería en 4 días. Nos dimos un abrazo, escuché el sonido de las puertas que se abrían y bajé.

Llegué al departamento de Kathrin, y me desplomé. Tirada en la cama, miré al techo y todavía tenía la sensación del movimiento del tren en el cuerpo. Pensé en el recorrido, en la gente que había conocido y en lo que me quedaba por hacer esos últimos días en Berlín.

Al día siguiente me levanté y salí a desayunar al Bäckerei shop sobre la Kastanienalle. Era mi lugar favorito de la mañana, justo frente a la parada del Tram. Entraba y salía gente a comprar café, y me gustaba trabajar un rato ahí con los turcos hablando, me envolvía ese murmullo de una lengua inentendible para mí.

Empecé a planificar mis últimos días allí. Ese día me esperaban Ale y Lucía, una pareja de becarios que vivían en Charlottenbug. Miré el mapa y vi que tenía que hacer varias combinaciones para llegar desde Mitte, así que me apuré un poco, agarré el café y me subí al Tram que venía. Hice varias combinaciones hasta llegar a la estación de subte de la Sophie-Charlotte Platz y caminé hacia el departamento de la pareja. Al llegar charlamos un rato. Lucía estaba haciendo su doctorado en filosofía. Su base era Bremen, pero iba y venía, ya que habían decidido instalarse en Berlín. Alejandro, geólogo, había estado viajando por el mundo hasta que coincidieron para quedarse un tiempo en Alemania. El departamento era tranquilo; me ofrecieron té mientras saqué los retratos y les hice las preguntas.

Cómo estaba en el oeste de la ciudad, ya había visto previamente en el mapa que estaba cerca del hogar donde estaba mi Oma. Ella estaba allí hacía unos 3 años. Había decidido volver a Alemania en la vejez, después de haber vivido su vida en Argentina -donde había llegado a los 10 años con sus padres, escapando del nazismo. Tenía anotada la dirección en el cuaderno: ‘Teplitzes str. 10, hablar con Frau Schrott’.

Cuando llegué al Altenheim, me encontré con una casa antigua y muy bien cuidada rodeada de un paisaje muy lindo. Vi a mi Oma, y me entristecí al segundo. Ella no podía hablar, había perdido el lenguaje. Antes, ella había hablado alemán, castellano e inglés. Ahora no podía hablar ninguno de ellos… Balbuceaba, mientras se le caían las lágrimas. Yo solo la calmaba mientras me aguantaba la bronca de verla así. Nos sentamos en una galería, afuera nevaba intensamente.

Le conté lo que estaba haciendo, que tenía mis cámaras conmigo y que había viajado por Alemania. Le hablé un poco en alemán, le relaté algunas anécdotas de la infancia, de como extrañaba sus comidas… Hasta que en un momento se tranquilizó. Después de un rato me despedí de ella con un abrazo, le agradecí todo y me fui.

Me senté en el bus sin despegar la cabeza de la ventana, dejé que me llevara a destino. Solo miraba el paisaje y la tormenta de nieve que sucedía afuera. Sabía que ya no vería más a la Oma. Sentía una profunda tristeza, ella había sido una gran inspiración para mí. De ahí en más, la extrañaría siempre.

noviembre 13, 2017

Ernesto

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¿Qué viniste a buscar a Alemania y qué es importante para vos de este viaje?

Me interesó mucho estudiar en Alemania porque me gusta la cultura. Una parte de mi familia es alemana. Mis bisabuelos llegaron después de la segunda guerra y mi abuela nació en Argentina. Mi bisabuela era de Hamburgo, y mi bisabuelo de Stuttgart. De chico ella me hablaba en alemán, me leía historias. Siempre quise venir y conocer de cerca la cultura. Para mi que estudio ingeniería, era importante estar en Alemania por el desarrollo industrial que tiene este país. Entonces pensé que era una gran oportunidad para aprender y aplicar lo que estudié.

¿Cómo se ve Argentina desde Alemania?

Es algo que pienso mucho. Cuando llegás te das cuenta de las diferencias que hay, más que nada desde el punto de vista cultural. Quizá tiene que ver con la ciudad, Braunschweig al ser una ciudad chica, es muy ordenada, limpia…entonces Argentina se ve como algo mucho más caótico. Al mismo tiempo acá es todo más frío, extrañas el cariño de la gente…en Tucumán estoy acostumbrado a subirme al colectivo y saludarlo al chofer o hablar con la persona que te atiende en un negocio, y acá eso no se hace. Hay más distancia entre las personas. Lo noté con los alemanes a medida que los fui conociendo, algunos son más abiertos, otros no…y ahí depende más de uno, cuanto empeño le ponés para conocerlos. Creo que son cerrados porque son respetuosos, no quieren invadir tu espacio. No sentí que fuera algo que tenga ver con el ser extranjero, creo que es porque son reservados.

¿Notás algún cambio significativo, en relación a tu vida, a tu carrera o tu personalidad?

Sí bastantes. En primer lugar: yo vivía en Argentina con mi familia, entonces fue un gran cambio empezar a vivir solo. Hay muchas cosas que no aprecié de vivir en familia, y cuando estás solo se ven importantes. Más que nada las cuestiones domésticas, la comida, tener que cocinar, tener algo en la heladera, ordenar, lavar la ropa…

Con respecto a la carrera, siento que el aprendizaje fue acelerado. Acá te dan algo y lo tenés que aprender, no te esperan. Me pasó con el idioma, semana a semana tuve que progresar y no te podés quedar atrás. Aprendés sobre los tiempos, hay que hacerlo sí o sí. Hay que poner mucho esfuerzo, pero al mismo tiempo tiene sus beneficios. Nunca piensan que vas a hacer las cosas mal, desde mi experiencia siento que me depositaron toda la confianza, algo que pienso que en Argentina es muy distinto. Acá hay que sostener en el tiempo esa confianza que te dan.
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¿Hay algo que te haya marcado hasta el momento?, ¿Algo que consideres un hito dentro de la estadía?

Viajar. En octubre organizamos un viaje por el sur de Alemania y fuimos en auto, ya que no teníamos mucho dinero disponible. Eramos 6, y algunos días dormimos en el auto, ya que los hostels eran caros. Cada día fue viajar a una ciudad distinta, conocer gente nueva, conocer nuevos lugares, ver todos esos paisajes, fue una experiencia increíble más allá de la incomodidad.

¿Cómo te imaginás tu futuro? Expectativas, sueños, miedos, esperanzas.

El futuro es lo más complicado…por ahora mi idea es volver a Argentina y presentar el trabajo que hice acá y rendir las materias que me quedan, recibirme, y después me gustaría mucho poder llegar a aplicar en Tucumán lo que aprendí acá. Pienso en la posibilidad de hacer un doctorado, tengo que pensar, donde y qué tema. A largo plazo me gustaría viajar más, quizá repetir la experiencia de vivir en otro país, o volver a Alemania para trabajar, siento que gané mucha experiencia en la metodología de trabajo.

¿Te quedarías en Alemania definitivamente? ¿Cómo plan de vida?

Mi expectativa final es vivir en Argentina, es mi hogar y quiero establecerme ahí.

noviembre 13, 2017

Sol

Sol frente a la TU Braunschweig. Febrero 2013.

¿Qué viniste a buscar a Alemania y qué es importante para vos de este viaje?

Vine a buscar una experiencia en el exterior, siempre quise aprender otro idioma además del inglés. Me interesaba saber como es estudiar en una universidad en Alemania. No es lo mismo viajar…yo quería conocer la cultura, saber cómo viven, qué hacen. Vivir es muy distinto a estar de viaje, viviendo experimentás cosas que viajando no te pasan.

¿Cómo se ve Argentina desde Alemania?

Se ve muy bien…en general lo que hablo con la gente de acá, la ven como un país que está en desarrollo, que está creciendo. No saben lo de la inseguridad…yo trato de contar como es vivir en Argentina con esas situaciones, aunque es difícil de explicar. Conocí españoles que me dijeron que quieren ir a vivir a Argentina, cosa que me sorprendió.

¿Notás algún cambio significativo, en relación a tu vida, a tu carrera o tu personalidad?

No demasiado. Yo en Argentina ya vivía sola, y acá vivo sola, así que es casi lo mismo. Me veía poco con mi familia, así que no veo ningún cambio significativo. Lo que me empezó a pesar, es la idea de volver a Argentina y volver a vivir con esa sensación de inseguridad, pensar que me puede pasar cualquier cosa. Acá me siento muy segura, es tan tranquilo…aunque me gusta mucho más la vida de Argentina, empecé a pensar en cómo sería volver, y cómo sería vivir acá más que nada por cómo me siento en relación a la seguridad.
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¿Hay algo que te haya marcado hasta el momento?, ¿Algo que consideres un hito dentro de la estadía?

El día que tuve que presentar el proyecto que quería hacer en el instituto, tenía que presentarlo al tutor de mi tutor, estaba sola, tenía que hablar en inglés y estaba muy nerviosa. Fue desconcertante, porque en un primer momento me habían dicho que tenía que pedir una entrevista formal con el Professor, y cuando lo conocí, fue de lo más amable, me dijo: vamos a caminar por el instituto, eso me aflojó y al final me sentí muy bien. Siento que fui muy valiente.

¿Cómo te imaginás tu futuro? Expectativas, sueños, miedos, esperanzas.

Ahora me quiero volver a Rosario, quiero recibirme. Me imagino trabajando un tiempo en Argentina, después me gustaría volver a Alemania o a otro país para especializarme. Quiero volver, terminar la facultad, trabajar, y ver cómo voy a seguir mi carrera, porque creo que tengo más incertidumbre de cómo seguir ahora que cuando empecé la carrera. Acá vi que hay muchas posibilidades, y eso me hizo pensar cómo seguir.

¿Te quedarías en Alemania definitivamente? ¿Cómo plan de vida?

Amo Rosario, pero me gustaría quizá pensar en vivir en un lugar más tranquilo en Argentina. Acá no me quedaría, es muy distinta la cultura, y no me imagino armando una vida en Alemania.

noviembre 13, 2017

Fernando

Fernando en la Biblioteca de la Uni Braunschweig. Febrero 2013.

¿Qué viniste a buscar a Alemania y qué es importante para vos de este viaje?

Quería ver que se siente estar un tiempo largo fuera de casa, estar en un lugar donde no se hable el mismo idioma. Saber cómo se estudia, cómo se investiga, cuales son los programas de la universidad…quería probarme, cómo me iba a desenvolver en un lugar nuevo donde no conozco a nadie, donde venía a vivir solo. Todo lo que implica ese desafío.

¿Cómo se ve Argentina desde Alemania?

Desde mi perspectiva se ve muy distinto a como se ve cuando uno está adentro. Depende un poco desde donde la mires también, si es por los medios de comunicación, si es por cómo te la cuentan tus amigos…Yo la veo bien, me gusta la Argentina y hablando con alemanes o con otros latinos, la ven como un país que está creciendo, que está bien posicionada adentro de latinoamérica y el mundo.

¿Notás algún cambio significativo, en relación a tu vida, a tu carrera o tu personalidad?

Aprendí a ser un poco más ordenado con mis cosas, era un problema que yo tenía. Siempre fui una persona muy olvidadiza, de dejar cosas en cualquier lado, empezar proyectos y no terminarlos, y desde que llegué me propuse tratar de cambiar eso y creo que logré avanzar, y me siento mucho más cómodo así.
Otra cosa es que vivir en Alemania es una sensación muy rara, porque casi nunca necesitás preocuparte por nada…veo que no existe la desconfianza, esa sensación de que te pueden robar, enfrentar o que te van a estafar, no vivir con ese estado de alerta es una sensación muy distinta.

¿Hay algo que te haya marcado hasta el momento?, ¿Algo que consideres un hito dentro de la estadía?

Cuando llegué. Me bajé del avión y tenía que tomarme el tren para venir a Braunschweig, no sabía donde estaba, ni para donde tenía que ir…yo viajé desde San Juan, me fui a Santiago de Chile, de ahí a San Pablo, desde ahí llegué a Frankfurt y finalmente a Braunschweig. Estuve casi 2 días viajando, estaba muy cansado, venía con mucho equipaje, se me rompió la valija…llegué y quise preguntar algo en alemán, y me di cuenta que no me entendían, eso fue bastante frustrante.

El día que llegué al instituto tuve una reunión con el Herr Professor, no con mi tutor sino con el director del instituto. Tuve que explicarle en inglés lo que quería hacer (en alemán me era imposible) tenía mucha tensión porque esperaba que le pareciera algo lógico lo que yo quería hacer. Hacer esa presentación en otro idioma, y a esa persona que es un ícono en la universidad, ¡alguien muy importante, muy grande, alguien que tiene tantos títulos que no entran en un renglón!. Esa situación de tener que sentarme en una mesa y hablar con él fue un hito.
Fernando

¿Cómo te imaginás tu futuro? Expectativas, sueños, miedos, esperanzas.

Al corto plazo, que es de acá a 6 meses, terminar la beca, volver a Argentina y recibirme. Mi idea es hacer un doctorado, tendría que analizar cuando y donde. En Alemania lo veo difícil, habiendo vivido acá 6 meses, creo que no la pasaría bien viviendo en Alemania 3 años…preferiría hacerlo en otro lado. En el caso de Argentina, me gustaría empezarlo allá y quizá venir un año y terminarlo en Alemania.

Después de eso, si me quedo en Argentina tendré que ser docente o investigador, ya que con un título de doctor otra cosa no se puede hacer…y sino buscar algún trabajo en alguna otra parte del mundo.

¿Te quedarías en Alemania definitivamente? ¿Cómo plan de vida?

Definitivamente, para toda mi vida, no me quedaría. Tengo en mi cabeza, vivir en Argentina y hacerme viejo allá. No me veo formando una familia acá en Alemania. Volver a trabajar o a estudiar por un corto plazo sí lo veo posible, pero volvería a Argentina.