noviembre 24, 2017

Intro

Lobeda

Ressemblance: Cuando los deseos viajan

What happens is always so far ahead from us, that we can never catch up with it and know its true appearance.

De la película W imie de Malgorzata Szumowska

En el mes de febrero de 2013, fui invitada por segunda vez por el Servicio Alemán de Intercambio Académico a realizar un proyecto documental. Mi primera experiencia en Alemania como becaria había sido entre los años 2006 y 2007. En ese momento me focalicé en todas aquellas personas que, al igual que yo, eran extranjeras; eso derivó en una serie de retratos fotográficos. Las migraciones me interesan; estar en un lugar extraño, sentirse extranjero. En aquella oportunidad, recuerdo que les había preguntado a todos qué habían ido a buscar a Alemania. Esta vez, cinco años más tarde y con una distancia considerable de aquellos años de estudiante, decidí hacer algo similar, pero solo con becarios argentinos. Esto me permitiría retomar el tema de las migraciones, hacerme preguntas sobre el presente de mi país y encontrarme con parte de la historia de Occidente en Alemania. Viajar para narrar con mi cámara de fotos, con el dibujo y la escritura como si fuesen herramientas de lucha para dar significado a la experiencia y aumentar la intimidad con ella –como diría John Berger.

Cada encuentro incluiría fotografías del lugar de trabajo, un retrato, una entrevista con seis preguntas y el pedido de que me enviase una postal a Buenos Aires, en la que el becario o la becaria dejaría por escrito algo relacionado con su experiencia de viaje. Luego, yo escribiría un relato del encuentro.

En este viaje, recorrí seis ciudades. Aterricé en Berlín, donde me encontré con Clara, una socióloga a punto de terminar su doctorado, y con Julia, una artista que trabaja con su historia personal. Luego llegué a Braunschweig –una ciudad que quedaba a una hora de Berlín–, donde me reuní con tres estudiantes de Ingeniería, y desde ahí seguí viaje a Karlsruhe. Allí conocí a Mariela, que estaba haciendo su doctorado en Física, y a otros tres estudiantes de Ingeniería, Juan, Manuel y Maxi. El próximo destino fue Jena, desde donde fui a Weimar y volví en el mismo día. En Jena vivía Damián, que tenía una beca para hacer su doctorado en Filosofía; y en Weimar, Carlos, que se encontraba realizando parte de su doctorado en Arquitectura. Desde Jena tomé un tren hacia Rostock, donde me esperaba nuevamente Clara, la socióloga con la que había estado en Berlín. Volví a Berlín y, allí, pude entrevistar a una pareja, Alejandro y Lucía –ella, llevando a cabo su doctorado en Filosofía y él, en Geología.

Mi interés se centró en este grupo de personas que eligieron autoexiliarse. Quería preguntarles a estos viajeros acerca de sus deseos y sus miedos; percibir la idea que ellos tenían del pasado, del presente y del futuro era algo que me atraía. En definitiva, ellos serían mis guías en este viaje.


Im Februar 2013 erhielt ich zum zweiten Mal eine Einladung vom DAAD (Deutscher Akademischer Austauschdienst). Mein Vorhaben war, das Leben von Stipendiatinnen und Stipendiaten in Deutschland zu dokumentieren. Meine erste Erfahrung mit diesem Thema lag einige Jahre zurück: Von 2006 bis 2007 galt meine Aufmerksamkeit Menschen, die sich wie ich selbst als Ausländer in Deutschland aufhielten. Das Ergebnis war eine Serie von fotografischen Porträts. Migrationsbewegungen interessieren mich: An einem fremden Ort sein, sich als Ausländer fühlen. Damals stellte ich allen die Frage, wonach sie in Deutschland gesucht hatten. Dieses Mal – fünf Jahre später, aus einer beträchtlichen Distanz zu diesen Jahren des Studiums – wollte ich etwas Ähnliches unternehmen, doch nur mit argentinischen Stipendiaten. Das sollte mir Möglichkeiten eröffnen, das Thema Migration wieder aufzugreifen, mir Fragen zur aktuellen Lage in meinem Land zu stellen und mich in Deutschland mit einem Teil der Geschichte des Westens auseinanderzusetzen. Ich wollte reisen, um mit meiner Fotokamera, mit dem Zeichnen und dem Schreiben zu erzählen, als wären es Kampfinstrumente, mittels derer man die Erfahrung mit Bedeutung aufladen und, wie John Berger sagen würde, die Intimität mit ihr vertiefen kann.

Jede Begegnung sollte in Fotos vom Arbeitsort, einem Porträt und einem Interview dokumentiert werden, in dem sechs Fragen zu beantworten waren. Außerdem waren die Stipendiatin bzw. der Stipendiat gebeten, mir eine Postkarte nach Buenos Aires zu schicken, auf der sie etwas Schriftliches zu der Erfahrung ihrer Reise festhielten. Später wollte ich die Begegnungen selbst in kurzen Texten aufzeichnen.

Stationen dieser Reise waren sechs Städte: Mein Flugzeug landete in Berlin, wo ich mich mit Clara und Julia traf. Clara ist eine Soziologin, die kurz vor dem Abschluss ihrer Doktorarbeit stand, und Julia arbeitete als Künstlerin über ihre eigene Geschichte. Die nächste Stadt, nicht weit von Berlin gelegen, war Braunschweig. Dort traf ich mich mit drei Ingenieurstudenten, dann fuhr ich weiter nach Karlsruhe, wo ich Mariela kennenlernte. Sie arbeitete an ihrer Dissertation in Physik. Außerdem hatte ich dort Begegnungen mit drei weiteren Ingenieurstudenten: Juan, Manuel und Maxi. Das nächste Ziel war Jena, von dort fuhr ich nach Weimar und kehrte noch am selben Tag nach Jena zurück, wo ich Damián traf, der an seiner Promotion in Philosophie arbeitete. In Weimar lernte ich Carlos kennen, der dort einen Teil seiner Doktorarbeit in Architektur schrieb. Von Jena nahm ich dann den Zug nach Rostock. Dort traf ich wieder mit Clara zusammen, der Soziologin, die ich schon in Berlin gesehen hatte. Dann fuhr ich wieder nach Berlin zurück, wo ich ein Gespräch mit einem Paar führen wollte: Mit Lucía, die ihre Doktorarbeit in Philosophie schrieb, und Alejandro, der in Geologie promovierte.

Mein Interesse konzentrierte sich auf diese Gruppe von Menschen, die sich für ein freiwilliges Exil entschieden hatte. Es reizte mich, nach ihren Wünschen und Ängsten zu fragen, etwas von den Vorstellungen wahrzunehmen, welche diese Reisenden von der Vergangenheit, der Gegenwart und der Zukunft hatten. Sie sollten schließlich meine Reiseführer werden.

 

noviembre 23, 2017

Segundo Mail

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Queridos Todos,

debía la segunda parte del relato de viaje, aquí va.

El jueves posterior a mi llegada a Jena, amanecí temprano. Había quedado en encontrarme con Damián a las 10 de la mañana, me dijo que pasaría a buscarme por el hotel. Estaba ansiosa por pasear por Jena, así que me levanté temprano, ordené un poco mis cosas, desayuné y salí con la cámara una rato antes de las 10. Volví y me encontré con Damián.

Cuando llegó, Damián me contó sobre su proyecto (que estaba relacionado con Napoleón) y sobre algunas de las razones por las cuales estaba en Alemania. Hicimos las fotos en la biblioteca, fuimos a comer al comedor de la universidad la Mensa, como la llaman los alemanes, y después nos tomamos un café en un bar donde le hice la entrevista. Mientras sacaba las fotos, se me cayó la cámara y pensé que ya no funcionaría. Esto hizo que mi humor cambiase repentinamente. Damián me acompañó hasta una casa de fotografía donde podrían revisar la cámara. Después de hablar un buen rato con el señor de la casa de fotografía y descubrir que la cámara estaba bien, me volvió el alma al cuerpo. Cuando me despedí de Damián, me recomendó que fuera a Lobeda. Esto quedaba en las afueras de la ciudad y allí se encontraban los edificios de la DDR, como llaman los alemanes a la ex Alemania comunista. Cámara en mano, emprendí viaje hacia allí.

Desde el tranvía, el paisaje se iba transformando: de casas bajas y parques, a construcciones gigantes. Cuando bajé me sentí perdida, el frió y el espacio tan amplio me abrumaron. Di unas vueltas, saqué algunas fotos como pude y, a la falta de un café a la vista, sentí que el lugar me expulsaba. Decidí volverme.

Al día siguiente, me tomé el tren hacia Weimar donde me esperaba Carlos, un arquitecto sanjuanino. En la estación de Jena Oeste, me encontré con una placa en conmemoración a los judíos que habían sido llevados desde esa estación al campo de concentración. Me quedé pensando hasta que llegó el tren, intentando nuevamente comprender aquel horror. Cuando llegué a Weimar, tomé el bus que me llevaba a Buchenwald, uno de los campos de concentración donde habían muerto muchas personas durante el nazismo. Dudé antes de subir, y me pregunté si era necesario ir a ese lugar… Subí al bus y llegué a una de las ruinas del gran surco de la humanidad.

El viaje fue por el bosque nevado, pude ver rápidamente el monumento gigante de los rusos a sus caídos en el campo. La sensación en el lugar fue extraña, el cuerpo tenso y la mirada en el horizonte. El lugar era muy grande, había que caminar mucho para llegar de un lugar a otro. Pasé por algunas estaciones del horror y ya no quise seguir. Aunque salió el sol, mi cuerpo seguía entumecido, entonces decidí volver… Cuando llegué a la ciudad, me pareció bellísima. Me zambullí en el museo de la Bauhaus y encontré ese mundo tan increíble que se había dado en esa Alemania de entreguerras. En aquella ciudad habitaban el espanto de la muerte y la atrocidad  junto a la expresión y la creación humana… Me quedé mirando la foto que estaba en la entrada del museo, donde estaban todos los estudiantes en una fiesta e imaginé ese momento y a esas personas llenas de vida.

Me encontré con Carlos frente al monumento de Goethe y Schiller. Lo vi hablando con unas señoras y enseguida me di cuenta que era él. Nos presentamos y fuimos a pasear por algunos puntos importantes de Weimar, como la casa de verano y el parque de Goethe, la biblioteca Amalia y el emblemático edificio de la Bauhaus. Durante el paseo, Carlos me contó acerca de su proyecto de urbanismo. Cuando volvíamos, ya estaba empezando a nevar. Nos despedimos en la parada del bus y me tomé el tren de regreso a Jena.

Al día siguiente saldría para Rostock, una ciudad pegada al mar del este; tendría unas 6 horas de viaje en tren por delante. El viaje a Rostock fue incómodo, ya que tuve que cambiar 3 veces de tren, y al pasar por Berlín, me dieron ganas de quedarme. En Rostock me esperaba Clara, la socióloga que había entrevistado en Berlín: ahora iría a vistarla a su lugar de trabajo. La estadía con Clara fue intensa ya que sólo estuve un día y medio en Rostock. Apenas me alcanzó el tiempo para sacar el retrato, hacer la entrevista y conocer la ciudad. Llegamos hasta Warnemünde, un balneario estilo Mar del Plata. El clima allí era muy lindo: gente paseando, comiendo pescado y tomando Gluhwein, el típico vino caliente y especiado, antídoto contra el frío.

El domingo a las 6 de la tarde, partimos juntas de regreso a Berlín. El viaje duró 3 horas y ¡no paramos de hablar! Cuando llegamos a Berlín, nos separamos en la estación de tren. La idea era volver a encontrarnos para cenar antes de mi partida. Esta vez, invitaríamos también a Julia que tenía interés de conocer a Clara.

¡Esa última semana en Berlín fue una locura! En ese corto plazo, tendría que terminar de revelar el material, entrevistarme con profesor K. por última vez, visitar a mi Oma (mi abuela alemana que vive allá) y todavía me quedaban 2 becarios por entrevistar. Pude hacer todo, menos encontrarme nuevamente con Clara y Julia. A la emoción de estar llegando al final del viaje, se le sumó la tristeza de ver a una Oma con el lenguaje perdido. La visité en el hogar de ancianos donde vive. Supe entonces que después de la última operación de caderas, había quedado sin posibilidad de hablar; solo balbuceaba.

La noche anterior a partir, me encontré con Osvaldo, un artista argentino radicado en Berlín que vivió el período de los ’80 en Buenos Aires con Ballesteros, Macchi, Suárez y hasta el famoso Luca Prodan. Le mostré mi trabajo y me dio una devolución muy contundente. Además, me regaló su catálogo donde estaban muchas de sus instalaciones. Las horas pasaron rápido y finalmente llegó el momento de la partida. Esa noche casi no pude dormir, tenía mucho equipaje y debía levantarme a las 4 de la mañana para tomar el vuelo hacia Madrid donde haría la combinación con el vuelo hacia Buenos Aires. Me llevó hasta el aeropuerto un taxista alemán que no estaba de buen humor. Afuera nevaba.

Cuando llegué a Madrid, el clima era muy distinto, la gente también. Como tenía 8 horas de espera, me fui directo al Prado a ver a Velázquez y a El Bosco. Almorcé y volví al aeropuerto. El vuelo fue bastante movidito, y cuando aterricé en Ezeiza, sentí una emoción extraña. Estaba contenta por todo lo vivido y agradecida por volver a casa.

El viaje en taxi hasta casa fue muy distinto al de Berlín. El taxista era un lector apasionado; me ayudó con las valijas con una sonrisa y me contó de su proceso de cambio interno. Me contó también que leía a Kafka y a Dostoyevsky entre otros. Me dejó en la puerta de mi casa, me entregó las valijas y me dijo: Sé libre.

Acá estoy de vuelta,
Abrazo a todos,
Jimena.

 

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noviembre 22, 2017

Regreso a Buenos Aires

24 de Febrero 2013

Casi no pude dormir. Me tiré en la cama, pero a las 2 horas me puse a ordenar todo y al rato llegó el taxi. Había pedido el día anterior que el taxista me ayudara con el equipaje ya que estaba en un 4to piso y no podría bajar todo sola.

Sonó el timbre, el hombre subió; era enorme, no era amable, más bien estaba enojado con la situación. Bajamos las valijas y emprendimos viaje. Afuera nevaba, el frío era intenso una vez más y no me sentía cómoda en el taxi. Después de algunos minutos en silencio, me preguntó si era italiana (a lo largo del recorrido me preguntaron si era italiana o francesa o griega) y entablamos una típica conversación de viaje en taxi hasta llegar al aeropuerto de Schönefeld. El taxista cambió su actitud durante el viaje y finalmente me despidió con una breve sonrisa o mueca. Mi vuelo salía a las 6 am hacia Madrid, donde tendría una espera de casi 8 horas para volar definitivamente a Buenos Aires.

Cuando llegué a Madrid el clima era muy distinto: la gente, la luz; sentía haber salido de un ‘adentro’ para llegar a un ‘afuera’. Había más ruido y enseguida mi cuerpo cambió de estado. Dejé mis cosas en en un locker del aeropuerto y emprendí viaje hacia la ciudad. Había estado en Madrid unos años antes y me había quedado pendiente visitar el Museo del Prado. Tomé esa escala como una oportunidad para ver finalmente ‘Las Meninas’ de Velázquez y ‘El jardín de las delicias’ de El Bosco, dos de las obras más inquietantes de la historia del arte. Hay algo tan intenso que sucede entre la obra y uno… Estar parada delante de ellas, no solo por el tamaño sino por ese momento mágico de acercarce para poder ver las pinceladas, o aquellas pequeñas grietas de la pintura que se hacen con el tiempo… Y luego volver a alejarse para poder ver la totalidad que nunca es tal. Me conmueve esa comunicación que sucede entre personas que habitaron en distintos tiempos y espacios…

Cuando miraba El jardín de las delicias, no pude dejar de pensar en los años que me separaban de ella y todo lo que había pasado en la historia en ese tiempo entre El Bosco y yo. Pensé en ese paraíso y en ese infierno, en aquellas figuras diminutas, esos cuerpos danzantes y sufrientes, pensé en aquella República de Weimar y en la Shoah.

Y cuando me paré frente a Las Meninas, pensé en la duda que siembra esa pintura. En aquel sentido bloqueado, y en la figura de una Velázquez que te interroga, que se ha puesto ahí para decir algo, una mirada tan inquisidora como la de Dios en el jardín del Eden de El Bosco. Y esas son las mil y un vueltas que hace la mente para tratar de comprender a veces lo incomprensible, si es que el arte se trata de eso, de esa comunión entre el azar y el desconcierto.

Me hubiera quedado todo el día allí, contemplando a aquellas dos, mezclada entre la gente que las visitaba, pero estaba hambrienta. Disfruté mucho de ese almuerzo, tan llena de Velázquez y El Bosco.

Caminé un rato por la ciudad, me sorprendí con los colores, el cielo era mucho más azul, y el sol pegaba con más intensidad, lo que hacía que el rojo fuera más rojo. Me subí al bus que me llevaba al Aeropuerto, disfruté ver desde la ventanilla esa vida urbana tan distinta a la que había visto en Alemania, era todo más parecido a casa. El vuelo de regreso no fue tranquilo, yo estaba inquieta y el avión no paró de moverse. Cuando estábamos cerca de aterrizar, me invadió una sensación de nostalgia y felicidad al mismo tiempo. Cuando bajé sentí la pesadez del clima, esa humedad típica de Buenos Aires me abombó inmediatamente. La escala en Madrid había sido un remanso. El taxista que me llevó hasta mi departamento era muy distinto al de Berlín. Era un señor bajito, que me ayudó con una gran sonrisa con todo el equipaje. Charlamos todo el viaje, era bien temprano por la mañana y mientras me miraba por el espejito retrovisor me contó que era un lector apasionado, leía a Kafka y a Dostoyevsky entre otros y estaba en un proceso de cambio interno.

Llegamos, me dejó en la puerta, me entregó las valijas y otra vez desplegó su sonrisa para decirme: Sé libre.

noviembre 17, 2017

Últimos días en Alemania

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23 de Febrero 2013

Los últimos días en Berlín fueron intensos. Tenía todo el material para revelar, así que me tomé el Tram al Foto-labor de la Pappelalle que me había recomendado Pascal. Estaba ansiosa por ver lo que había fotografiado; con la película uno siente que trabaja a ciegas, hay algo que sucede adentro de la cámara que es todo un misterio y ya quería saber qué había sucedido. Tenía cita con el Professor en un par de días para mostrarle el progreso del proyecto antes de irme.

Con el material listo y revisado, fui a encontrarme con el Professor K. en la escuela. Cuando hablamos por teléfono, me dijo que estaba con unas entregas finales y que tendría que esperarlo un rato. Llegué con el M2 hasta la parada final y caminé hacia la KHB. Me compré un café en el bar y me senté en una de las mesas que miran el gran patio verde de la escuela, ahora todo nevado. Recordé el tiempo que pasé en la escuela; me gustaba estar entre los estudiantes, esa quietud y ese murmullo en alemán, tenía ganas de volver el tiempo atrás…

Sonó el celular. Era el Professor que me decía que ya estaba en su oficina y que me esperaba allí. Caminé por los pasillos hasta llegar a la oficina. Sentía la tensión de hablar en alemán -siempre pongo mucho esfuerzo en tratar de poner bien los artículos y no olvidarme de los verbos al final, aunque casi siempre fallo.

La charla con K fue de lo más fluída. Le mostré el trabajo anterior, las fotos que había sacado en este viaje y me hizo varias preguntas. En un momento me miró a los ojos y me dijo que entendía lo que era para nosotros los fotógrafos viajar con todo ese equipaje a cuestas: cámaras, trípode, película, laptop… Le comenté que había lidiado con la luz todo el viaje. Miró hacia afuera con resignación; afuera nevaba y me dijo: ‘Claro, aquí el clima es difícil’…Für mich ist aber sehr schön’, le dije y se volvió hacia mí con un gesto apático… Interpreté que el Professor odiaba el frío; en cambio a mi me parecía hermoso. Le agradecí. Me gustó mucho ese momento; fue un alto en el viaje, una reflexión sobre lo que había trabajado.

Al día siguiente amanecí temprano, me quedaba sólo ese día para terminar de ordenar mis cosas. A la noche había quedado en encontrarme con Osvaldo, un artista argentino que vive en Berlín desde los ´80.

Salí a desayunar. Como no tenía apuro esta vez, cambié de bar. Me fuí al de la esquina de la Zionskirche y la Choriner Straße. Me encantaba ese bar, tenía algo moderno pero también quedado en el tiempo berlinés. Me tomé un café con mi predilecta: la schokocroissant. Sólo me senté ahí, no quería hacer más nada; sólo estar sentada en ese bar, mirando por la ventana. Tomé el cuaderno e hice un pequeño dibujo de lo que veía. De pronto el camarero me preguntó de dónde era. Resultó que él era mexicano y terminamos hablando un rato en español.

El día transcurrió tranquilo hasta que por la noche nos encontramos con Osvaldo en un restaurante chino cerca de Hackescher Markt. Sentí esa familiaridad que había experimentado cada vez que me encontraba con un argentino. Cuando llegamos, me corrió la silla para que me sentara y me dijo que le gustaba hacer eso, ya que en Alemania las mujeres no se lo permitían porque sentían que era un gesto machista. Me contó sobre el mundillo del arte en los 80s en Buenos Aires. Había sido parte del grupo conformado por Ballesteros, Macchi, Suárez y había pasado tiempo con el famoso Luca Prodan. Quedé cautivada por el relato de aquella escena artística de los 80s, era un momento de mucha ebullición en el medio. Me contó que después de algunos sucesos, había decidido emigrar a Berlín.

Le mostré mi trabajo y me dió una devolución muy contundente: Creés en algo… me dijo. No supe muy bien cómo reaccionar, me perturbó el comentario… Hablamos sobre lo poético y lo autobiográfico y me dijo que para él la poesía era lo más importante. Me recomendó que leyera a Macedonio Fernández, uno de sus poetas favoritos. Me regaló el catálogo donde estaban muchas de sus instalaciones y me dieron ganas de verlas en vivo.

Las cenizas de los días que fueron

flotando en el Pasado

como en el fondo del camino

el polvo de nuestras peregrinaciones.

Ojos que se abren como las mañanas

y que cerrándose dejan caer la tarde.

(1904) Macedonio Fernández

Lo acompañé hasta la boca del subte que lo llevaría de regreso a su casa en el oeste de la ciudad.

Era tarde cuando llegué al departamento y solo pensaba en lo poco que iba a dormir. Me levantaría a las 3 de la mañana, ya que tenía pedido un taxi a las 4 para salir hacia el aeropuerto de Schönefeld. Me quedaba el comentario de Osvaldo dando vueltas en mis pensamientos y sentí finalmente que hoy ya era mejor no creer en nada.

noviembre 16, 2017

Con Lucía y Ale en Berlín

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¿Qué viniste a buscar a Alemania y qué es importante para vos de este viaje?

Ale: Varias cosas, creo que principalmente un desarrollo académico-profesional. Vine a buscar vivir en una sociedad diferente a la mía, yo soy Argentino, pero estuve un tiempo viviendo en Estados Unidos. Buscaba otro tipo de vida, cómo me podía encontrar es una sociedad que es diferente a las otras dos. También en el primer viaje a Alemania, fue donde empezamos la convivencia con Lucía. Todo esto mejoró mi impresión sobre mi mismo y sobre los demás.

Lucía: Vine a buscar un cambio de perspectiva, vivir en otro lugar haciendo lo que me gusta. Vivir lo cotidiano en otro lugar. Siempre pensé que podía aprender de una experiencia así, estar fuera, sin amigos, familia, sin los símbolos que entiendo y las estructuras que conozco. Sentía que esto me ayudaría a cambiar cuestiones de mi vida personal y profesional. Vivir en otro contexto y adaptarme.

¿Cómo se ve Argentina desde Alemania?

Ale: Se ve de distintas maneras. A veces tenés la impresión de que se ve que Argentina está mal…pero es un punto de vista al estar afuera. Muchas veces leo los diarios de Argentina y siento todo allá es más complicado, pero creo que es por la distancia, al no estar metido en la sociedad la lectura de los hechos cambia. De todas formas también creo que cuando estás viviendo afuera la percepción es que no es todo tan malo como sentís cuando estás allá. El hecho de vivir en otro país te permite ver esos problemas de otra forma, te das cuenta que esos problemas al final no son tan graves en sí. Que esos problemas tienen solución, no será fácil, pero la hay.

Lucía: Creo que desde acá Argentina se ve bien, se ve mejor que estando allá. Me fue posible detectar cuales son los problemas que creo tenemos que resolver para estar mejor. Desde mi perspectiva veo que son problemas de relaciones sociales, y creo que es muy posible cambiarlos, porque no son esenciales, no hacen a nuestra naturaleza y se pueden resolver modificando conductas. Creo que estando inmerso todo está mal, pero desde afuera se puede distinguir y son cosas resolubles.

¿Notás algún cambio significativo, en relación a tu vida, a tu carrera o a tu personalidad?

Ale: Creo que haber vivido tanto tiempo afuera de Argentina, me hizo ser mucho más abierto a diferentes actitudes, reacciones, o formas de entender las mismas cosas. Es algo muy de porteño decir: Las cosas son así. Y viviendo en otros lugares, te das cuenta que las cosas no son siempre como uno cree, y entendí que las cosas se pueden hacer de otra forma, a veces mejor, a veces peor, pero no hay un camino para seguir “ideal” o ” el que hay que seguir”. Haber vivido en diferentes sociedades me dio la posibilidad de ver que hay otras perspectivas y distintas formas de abordar el mismo problema. Me abrió la cabeza pensar en esto, en los diferentes caminos para resolver, para poder entender a la gente, para poder relacionarme con el otro.

Lucía: En lo personal sí, porque estar acá fue una suerte de independencia y de fortaleza. También estar con mi pareja, habernos casado, empezar una convivencia, fortalecer la relación es muy importante. Y a nivel profesional también, yo me fui apenas comencé el doctorado, y cuando llegué el trabajo tomó otra dimensión, le dí más importancia, me lo tomé más en serio.

¿Hay algo que te haya marcado hasta el momento?, ¿Algo que consideres un hito dentro de la estadía?

Ale: Sigo con las diferentes culturas…por mi trabajo estuve en Kirguistán. Kirguistán es un país con una cultura totalmente diferente a todas las que conocí. Gente tan diferente…no son occidentales, eso ya es totalmente contrario a nuestra cultura, son musulmanes, tuvieron un régimen soviético impuesto y tienen otra formación cultural de base. En general cuando voy al campo, lo que hago es subir montañas y sacar muestras. Una vez allá en Kirguistán, había solamente 2 caballos disponibles, entonces fui yo con un kirguís. Teníamos que pasar el día, subir la montaña y bajar. Yo no hablo ni kirguís, ni ruso…la comunicación estaba complicada. Estuvimos todo el día juntos sin hablar, y cuando estábamos volviendo el tipo se paso todo el regreso cantando, silbando una melodía kirguís. Y de pronto no se como interpreté que me pedía que le cantara algo de Argentina. Y eso es muy parecido a lo que pasa en el campo en Argentina, la gente cuando va a caballo, canta, silba, ese es el folclore. En ese momento se me presentó algo muy humano…gente que está en Kirguistán, en un país muy lejos del nuestro con otra base cultural, pero al final hay un punto de conexión con la música que es el mismo, en una montaña en Kirguistán o en un campo Argentino.
Ale

Lucía: La sorpresa de estar en las bibliotecas de las universidades. El estar en ese ambiente tan predispuesto hacia los estudiantes…tan organizado, cómodo, con tanta bibliografía. Otra cosa que me marcó fue el primer invierno, fue muy distinto a vivir el de Buenos Aires.

¿Cómo te imaginás tu futuro? Expectativas, sueños, miedos, esperanzas.

Ale: Me imagino bien en principio. Me lo imagino en Argentina. Lo que hace esta experiencia es mejorar mi futuro. Sea cual sea, me parece que va a ser mejor del que hubiese sido si me hubiese quedado en Argentina. Estoy seguro de eso.

Lucía: El futuro me lo imagino en Argentina. Mi intensión es seguir en la investigación, poder conectarme mucho con el afuera, el haber estado acá ya me abrió la cabeza hacia el intercambio. Lo más importante de estar acá es la reunión con gente de todos lados del mundo y eso en Argentina no es tan común. Se tratan los mismos temas pero desde distintos puntos de vista.

Lucia

¿Te quedarías en Alemania definitivamente? ¿Cómo plan de vida?

Ale: No. No sería el lugar donde yo me quedaría a vivir para siempre. Creo que mi cultura es tan fuerte, que me sería muy difícil desprenderme totalmente de eso. Si realmente querés plantear una vida en Alemania, tenés que dejar de lado un montón de cosas que no estaría dispuesto a resignar.

Lucía: Me gustaría mucho ir y venir. Me gusta Alemania, me siento muy bien acá, y me gustaría seguir viniendo. Establecerme para siempre, no, para eso pienso en la Argentina.

noviembre 15, 2017

Volver a Berlín

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18 de Febrero 2013

Volví a Berlín en el Regio que tomamos con Clara en Rostock. Nos despedimos en el S-bahn, yo bajaba en Hackescher Markt y Clara seguía. Parada ya para bajarme, quedamos en volver a vernos y cenar con Julia antes de mi partida, que sería en 4 días. Nos dimos un abrazo, escuché el sonido de las puertas que se abrían y bajé.

Llegué al departamento de Kathrin, y me desplomé. Tirada en la cama, miré al techo y todavía tenía la sensación del movimiento del tren en el cuerpo. Pensé en el recorrido, en la gente que había conocido y en lo que me quedaba por hacer esos últimos días en Berlín.

Al día siguiente me levanté y salí a desayunar al Bäckerei shop sobre la Kastanienalle. Era mi lugar favorito de la mañana, justo frente a la parada del Tram. Entraba y salía gente a comprar café, y me gustaba trabajar un rato ahí con los turcos hablando, me envolvía ese murmullo de una lengua inentendible para mí.

Empecé a planificar mis últimos días allí. Ese día me esperaban Ale y Lucía, una pareja de becarios que vivían en Charlottenbug. Miré el mapa y vi que tenía que hacer varias combinaciones para llegar desde Mitte, así que me apuré un poco, agarré el café y me subí al Tram que venía. Hice varias combinaciones hasta llegar a la estación de subte de la Sophie-Charlotte Platz y caminé hacia el departamento de la pareja. Al llegar charlamos un rato. Lucía estaba haciendo su doctorado en filosofía. Su base era Bremen, pero iba y venía, ya que habían decidido instalarse en Berlín. Alejandro, geólogo, había estado viajando por el mundo hasta que coincidieron para quedarse un tiempo en Alemania. El departamento era tranquilo; me ofrecieron té mientras saqué los retratos y les hice las preguntas.

Cómo estaba en el oeste de la ciudad, ya había visto previamente en el mapa que estaba cerca del hogar donde estaba mi Oma. Ella estaba allí hacía unos 3 años. Había decidido volver a Alemania en la vejez, después de haber vivido su vida en Argentina -donde había llegado a los 10 años con sus padres, escapando del nazismo. Tenía anotada la dirección en el cuaderno: ‘Teplitzes str. 10, hablar con Frau Schrott’.

Cuando llegué al Altenheim, me encontré con una casa antigua y muy bien cuidada rodeada de un paisaje muy lindo. Vi a mi Oma, y me entristecí al segundo. Ella no podía hablar, había perdido el lenguaje. Antes, ella había hablado alemán, castellano e inglés. Ahora no podía hablar ninguno de ellos… Balbuceaba, mientras se le caían las lágrimas. Yo solo la calmaba mientras me aguantaba la bronca de verla así. Nos sentamos en una galería, afuera nevaba intensamente.

Le conté lo que estaba haciendo, que tenía mis cámaras conmigo y que había viajado por Alemania. Le hablé un poco en alemán, le relaté algunas anécdotas de la infancia, de como extrañaba sus comidas… Hasta que en un momento se tranquilizó. Después de un rato me despedí de ella con un abrazo, le agradecí todo y me fui.

Me senté en el bus sin despegar la cabeza de la ventana, dejé que me llevara a destino. Solo miraba el paisaje y la tormenta de nieve que sucedía afuera. Sabía que ya no vería más a la Oma. Sentía una profunda tristeza, ella había sido una gran inspiración para mí. De ahí en más, la extrañaría siempre.

noviembre 13, 2017

Ernesto

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¿Qué viniste a buscar a Alemania y qué es importante para vos de este viaje?

Me interesó mucho estudiar en Alemania porque me gusta la cultura. Una parte de mi familia es alemana. Mis bisabuelos llegaron después de la segunda guerra y mi abuela nació en Argentina. Mi bisabuela era de Hamburgo, y mi bisabuelo de Stuttgart. De chico ella me hablaba en alemán, me leía historias. Siempre quise venir y conocer de cerca la cultura. Para mi que estudio ingeniería, era importante estar en Alemania por el desarrollo industrial que tiene este país. Entonces pensé que era una gran oportunidad para aprender y aplicar lo que estudié.

¿Cómo se ve Argentina desde Alemania?

Es algo que pienso mucho. Cuando llegás te das cuenta de las diferencias que hay, más que nada desde el punto de vista cultural. Quizá tiene que ver con la ciudad, Braunschweig al ser una ciudad chica, es muy ordenada, limpia…entonces Argentina se ve como algo mucho más caótico. Al mismo tiempo acá es todo más frío, extrañas el cariño de la gente…en Tucumán estoy acostumbrado a subirme al colectivo y saludarlo al chofer o hablar con la persona que te atiende en un negocio, y acá eso no se hace. Hay más distancia entre las personas. Lo noté con los alemanes a medida que los fui conociendo, algunos son más abiertos, otros no…y ahí depende más de uno, cuanto empeño le ponés para conocerlos. Creo que son cerrados porque son respetuosos, no quieren invadir tu espacio. No sentí que fuera algo que tenga ver con el ser extranjero, creo que es porque son reservados.

¿Notás algún cambio significativo, en relación a tu vida, a tu carrera o tu personalidad?

Sí bastantes. En primer lugar: yo vivía en Argentina con mi familia, entonces fue un gran cambio empezar a vivir solo. Hay muchas cosas que no aprecié de vivir en familia, y cuando estás solo se ven importantes. Más que nada las cuestiones domésticas, la comida, tener que cocinar, tener algo en la heladera, ordenar, lavar la ropa…

Con respecto a la carrera, siento que el aprendizaje fue acelerado. Acá te dan algo y lo tenés que aprender, no te esperan. Me pasó con el idioma, semana a semana tuve que progresar y no te podés quedar atrás. Aprendés sobre los tiempos, hay que hacerlo sí o sí. Hay que poner mucho esfuerzo, pero al mismo tiempo tiene sus beneficios. Nunca piensan que vas a hacer las cosas mal, desde mi experiencia siento que me depositaron toda la confianza, algo que pienso que en Argentina es muy distinto. Acá hay que sostener en el tiempo esa confianza que te dan.
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¿Hay algo que te haya marcado hasta el momento?, ¿Algo que consideres un hito dentro de la estadía?

Viajar. En octubre organizamos un viaje por el sur de Alemania y fuimos en auto, ya que no teníamos mucho dinero disponible. Eramos 6, y algunos días dormimos en el auto, ya que los hostels eran caros. Cada día fue viajar a una ciudad distinta, conocer gente nueva, conocer nuevos lugares, ver todos esos paisajes, fue una experiencia increíble más allá de la incomodidad.

¿Cómo te imaginás tu futuro? Expectativas, sueños, miedos, esperanzas.

El futuro es lo más complicado…por ahora mi idea es volver a Argentina y presentar el trabajo que hice acá y rendir las materias que me quedan, recibirme, y después me gustaría mucho poder llegar a aplicar en Tucumán lo que aprendí acá. Pienso en la posibilidad de hacer un doctorado, tengo que pensar, donde y qué tema. A largo plazo me gustaría viajar más, quizá repetir la experiencia de vivir en otro país, o volver a Alemania para trabajar, siento que gané mucha experiencia en la metodología de trabajo.

¿Te quedarías en Alemania definitivamente? ¿Cómo plan de vida?

Mi expectativa final es vivir en Argentina, es mi hogar y quiero establecerme ahí.

noviembre 13, 2017

Sol

Sol frente a la TU Braunschweig. Febrero 2013.

¿Qué viniste a buscar a Alemania y qué es importante para vos de este viaje?

Vine a buscar una experiencia en el exterior, siempre quise aprender otro idioma además del inglés. Me interesaba saber como es estudiar en una universidad en Alemania. No es lo mismo viajar…yo quería conocer la cultura, saber cómo viven, qué hacen. Vivir es muy distinto a estar de viaje, viviendo experimentás cosas que viajando no te pasan.

¿Cómo se ve Argentina desde Alemania?

Se ve muy bien…en general lo que hablo con la gente de acá, la ven como un país que está en desarrollo, que está creciendo. No saben lo de la inseguridad…yo trato de contar como es vivir en Argentina con esas situaciones, aunque es difícil de explicar. Conocí españoles que me dijeron que quieren ir a vivir a Argentina, cosa que me sorprendió.

¿Notás algún cambio significativo, en relación a tu vida, a tu carrera o tu personalidad?

No demasiado. Yo en Argentina ya vivía sola, y acá vivo sola, así que es casi lo mismo. Me veía poco con mi familia, así que no veo ningún cambio significativo. Lo que me empezó a pesar, es la idea de volver a Argentina y volver a vivir con esa sensación de inseguridad, pensar que me puede pasar cualquier cosa. Acá me siento muy segura, es tan tranquilo…aunque me gusta mucho más la vida de Argentina, empecé a pensar en cómo sería volver, y cómo sería vivir acá más que nada por cómo me siento en relación a la seguridad.
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¿Hay algo que te haya marcado hasta el momento?, ¿Algo que consideres un hito dentro de la estadía?

El día que tuve que presentar el proyecto que quería hacer en el instituto, tenía que presentarlo al tutor de mi tutor, estaba sola, tenía que hablar en inglés y estaba muy nerviosa. Fue desconcertante, porque en un primer momento me habían dicho que tenía que pedir una entrevista formal con el Professor, y cuando lo conocí, fue de lo más amable, me dijo: vamos a caminar por el instituto, eso me aflojó y al final me sentí muy bien. Siento que fui muy valiente.

¿Cómo te imaginás tu futuro? Expectativas, sueños, miedos, esperanzas.

Ahora me quiero volver a Rosario, quiero recibirme. Me imagino trabajando un tiempo en Argentina, después me gustaría volver a Alemania o a otro país para especializarme. Quiero volver, terminar la facultad, trabajar, y ver cómo voy a seguir mi carrera, porque creo que tengo más incertidumbre de cómo seguir ahora que cuando empecé la carrera. Acá vi que hay muchas posibilidades, y eso me hizo pensar cómo seguir.

¿Te quedarías en Alemania definitivamente? ¿Cómo plan de vida?

Amo Rosario, pero me gustaría quizá pensar en vivir en un lugar más tranquilo en Argentina. Acá no me quedaría, es muy distinta la cultura, y no me imagino armando una vida en Alemania.

noviembre 13, 2017

Fernando

Fernando en la Biblioteca de la Uni Braunschweig. Febrero 2013.

¿Qué viniste a buscar a Alemania y qué es importante para vos de este viaje?

Quería ver que se siente estar un tiempo largo fuera de casa, estar en un lugar donde no se hable el mismo idioma. Saber cómo se estudia, cómo se investiga, cuales son los programas de la universidad…quería probarme, cómo me iba a desenvolver en un lugar nuevo donde no conozco a nadie, donde venía a vivir solo. Todo lo que implica ese desafío.

¿Cómo se ve Argentina desde Alemania?

Desde mi perspectiva se ve muy distinto a como se ve cuando uno está adentro. Depende un poco desde donde la mires también, si es por los medios de comunicación, si es por cómo te la cuentan tus amigos…Yo la veo bien, me gusta la Argentina y hablando con alemanes o con otros latinos, la ven como un país que está creciendo, que está bien posicionada adentro de latinoamérica y el mundo.

¿Notás algún cambio significativo, en relación a tu vida, a tu carrera o tu personalidad?

Aprendí a ser un poco más ordenado con mis cosas, era un problema que yo tenía. Siempre fui una persona muy olvidadiza, de dejar cosas en cualquier lado, empezar proyectos y no terminarlos, y desde que llegué me propuse tratar de cambiar eso y creo que logré avanzar, y me siento mucho más cómodo así.
Otra cosa es que vivir en Alemania es una sensación muy rara, porque casi nunca necesitás preocuparte por nada…veo que no existe la desconfianza, esa sensación de que te pueden robar, enfrentar o que te van a estafar, no vivir con ese estado de alerta es una sensación muy distinta.

¿Hay algo que te haya marcado hasta el momento?, ¿Algo que consideres un hito dentro de la estadía?

Cuando llegué. Me bajé del avión y tenía que tomarme el tren para venir a Braunschweig, no sabía donde estaba, ni para donde tenía que ir…yo viajé desde San Juan, me fui a Santiago de Chile, de ahí a San Pablo, desde ahí llegué a Frankfurt y finalmente a Braunschweig. Estuve casi 2 días viajando, estaba muy cansado, venía con mucho equipaje, se me rompió la valija…llegué y quise preguntar algo en alemán, y me di cuenta que no me entendían, eso fue bastante frustrante.

El día que llegué al instituto tuve una reunión con el Herr Professor, no con mi tutor sino con el director del instituto. Tuve que explicarle en inglés lo que quería hacer (en alemán me era imposible) tenía mucha tensión porque esperaba que le pareciera algo lógico lo que yo quería hacer. Hacer esa presentación en otro idioma, y a esa persona que es un ícono en la universidad, ¡alguien muy importante, muy grande, alguien que tiene tantos títulos que no entran en un renglón!. Esa situación de tener que sentarme en una mesa y hablar con él fue un hito.
Fernando

¿Cómo te imaginás tu futuro? Expectativas, sueños, miedos, esperanzas.

Al corto plazo, que es de acá a 6 meses, terminar la beca, volver a Argentina y recibirme. Mi idea es hacer un doctorado, tendría que analizar cuando y donde. En Alemania lo veo difícil, habiendo vivido acá 6 meses, creo que no la pasaría bien viviendo en Alemania 3 años…preferiría hacerlo en otro lado. En el caso de Argentina, me gustaría empezarlo allá y quizá venir un año y terminarlo en Alemania.

Después de eso, si me quedo en Argentina tendré que ser docente o investigador, ya que con un título de doctor otra cosa no se puede hacer…y sino buscar algún trabajo en alguna otra parte del mundo.

¿Te quedarías en Alemania definitivamente? ¿Cómo plan de vida?

Definitivamente, para toda mi vida, no me quedaría. Tengo en mi cabeza, vivir en Argentina y hacerme viejo allá. No me veo formando una familia acá en Alemania. Volver a trabajar o a estudiar por un corto plazo sí lo veo posible, pero volvería a Argentina.

noviembre 6, 2017

En Braunschweig

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9 de febrero de 2013

Partí en tren hacia Braunschweig. Ya en el camino el paisaje me sorprendió. Traía conmigo los periódicos que me había dado Julia como publicaciones de su proyecto. Los leí mientras avanzaba el viaje y anoté en el cuaderno: Iskra, de la chispa arderá la llama. Después de un rato, el ICE se detuvo en Wolfsburg, miré por la ventana y allí estaba la fábrica de Volkswagen, con su logo inconfundible y una gran chimenea. Pensé en los obreros, aunque de pronto recordé que hoy casi no quedaban… ¿Si hay máquinas-robots que arman los autos? Entonces pensé en el abuelo de Julia y en su revolución. ¿Qué quedará de aquello? ¿A dónde habrá ido a parar aquella Iskra ¿En qué se habrá transformado?… me distraje cuando el tren volvió a arrancar; volví a mirar el cuaderno y vi que tenía anotado: Sol y Fernando 15.30 Café Herman’s.

Llegar hasta el punto de encuentro con los becarios, fue difícil. Llegué a la estación central de Braunschweig, tomé el tranvía, bajé y caminé. Caí en la Lessing Platz y no supe como seguir. Cuando llegué finalmente al hotel donde me hospedaría, tuve una sensación extraña -el hotel olía a iglesia. Dejé mis cosas y comí algo en un restaurante Chino que encontré a unos metros. El cartel del restaurante decía Büffet-Haus, Auguststraße 12, pensé que no podía fallar; además, me darían una de esas galletas de la fortuna que tanto me gustan.

Después de almorzar, tomé el Tram en dirección a la biblioteca de la Technische Universität Braunschweig. Cuando llegué a la parada, Sol y Fernando estaban ahí, los reconocí enseguida; encontré en ellos algo familiar desde el primer momento.

Percibí que la energía de Sol era más intensa que la de Fernando: Sol de Rosario, Fernando de San Juan -quizá tendría algo que ver con sus ciudades de origen. Como se había hecho tarde, fuimos primero a la biblioteca de la Universidad, ya que si se hacía aún más tarde nos quedaríamos sin luz para hacer las fotos. El edificio me hizo acordar al Palast der Republik de Berlín, quizá por los vidrios espejados.

Me contaron de la beca y de cómo habían llegado a Alemania; eran dos estudiantes de ingeniería a punto de recibirse. Entramos a la biblioteca que estaba llena de estudiantes. Afuera nevaba y desde una de las ventanas se veía un chimenea gigante que había visto antes de llegar a allí. Fernando me dijo que era una planta de energía que alimentaba a la ciudad. Hicimos las fotos dentro y fuera del edificio. Fernando me ayudó con las cámaras ya que había sido ayudante de un fotógrafo hacía un tiempo. Cuando estábamos afuera aparició Joel -un compañero mexicano- y se pusieron a charlar los tres. Quedé afuera, alejada de la conversación, en el centro de la explanada de la Bibliothek.

Caminamos en dirección al café Herman’s. Allí Sol contó que se había puesto de novia con uno de los becarios argentinos de ALEARG y que estaba trabajando en un proyecto con concreto de ultraresistencia. Fernando habló de los Gps de los trenes, y pensé en ese mundo fascinante de la ingeniería y de la técnica. Me interesaba mucho escucharlos, aunque me perdía por falta de información.

En un momento Fernando dejó de hablar de sus proyectos y me dijo que Braunschweig era muy famosa por ser la ciudad que le había entregado la nacionalidad alemana a Hitler.

Sol hablaba rápido, al punto que sentí en un momento que mi atención se desvanecía. Les entregué la postal y los dos la llenaron instantáneamente. Escribieron juntos cosas parecidas.

Aunque eran las 6 de la tarde, ya era de noche. Volví en el Tram con una sensación muy distinta a los encuentros anteriores. Pensé en qué distintas eran estas ciudades y en los diferentes mundos que habitan las personas…
Ya en el hotel, me tomé un rato para trabajar y googlé: Hitler+Braunschweig:

El día 26 de febrero de 1932, Hitler fue citado al mediodía en el número 11 de la Lützowstraße, sede de la legación del gobierno de Braunschweig en la capital del Reich. Juró allí su cargo, teniendo que pronunciar la fórmula oficial estipulada por la ley: «Juro lealtad a la constitución del Reich y del Estado, obediencia a las leyes y el cumplimiento de conciencia de mis funciones oficiales». Podía ahora presentarse en una lista electoral y ejercer un cargo público como ciudadano alemán de pleno derecho.

Encontré esa información fragmentada, de distintas fuentes, en un foro de la segunda guerra mundial. La entrada la escribía un tal Eckart, y el fragmento venía citado de: Morsey, Rudolf. Hitler als braunschweigischer Regierungsrat. Vierteljahrshefte für Zeitgeschichte. 1960;4:419-48. Cerré la laptop y me fui a dormir enojada con aquel acto tan preciso que cambiaría el curso de la historia.

10 de febrero de 2013

Al día siguiente desperté molesta. No pude dormir bien por el ruido que hacía la heladera que tenía en la pequeña habitación del hotel con olor a iglesia.

Me encontraría con Ernesto por la tarde, así que decidí recorrer la ciudad. Caminé por una Braunschweig nevada, me pareció mucho más linda de lo que me había parecido el día anterior. Investigué un poco las muestras que había, y descubrí el museo de fotografía y una muestra de Bogomir Ecker en la Hochschule für Bildende Künste Braunschweig. Me entusiasmé y caminé hasta ahí.

El trabajo me pareció fascinante, Idylle + Desaster era en parte una gran cita al fotolibro de Larry Sultan y Mike Mandel, Evidence, editado en 1977. Aquellas fotos, ahora fuera de su contexto original, se exhibían de manera miscelánea una al lado de la otra: archivos policiales, experimentos de laboratorio tipo químico, explosiones, naturaleza, fotos periodísticas intervenidas, etc. Entré y me sorprendió un estudiante de Ecker que me hizo una visita guiada por la muestra. Me contó que el artista había comprado esas fotos por eBay durante muchos años hasta armar esa colección. En el centro de la sala se veía una instalación con muebles rescatados de la DDR, rodeados por aquellas fotografías, y tapados por un material aislante contra el ruido, la muestra continuaba en Berlín. Was für ein Erlebnis fue toparme con la muestra de Ecker. Fue un acontecimiento descubrir esa obra tan ligada a la técnica y a la comunicación, estar justo ahí en ese momento… Me acordé de sus esculturas que había visto en alguna oportunidad, aquellos objetos extraños, que parecían salidos de una película vintage de ciencia ficción.

Salí, afuera el día era luminoso como pocos hasta ese momento, aunque el frío persistía y yo me sentía corroída por la incertidumbre de aquella obra que acaba de ver. Camino al encuentro, saqué algunas fotos de la ciudad con la influencia que me quedaba del trabajo de Ecker y decidí cambiar la película a blanco y negro.

Llegué a otro edificio de la TU donde me esperaba Ernesto, un ingeniero químico tucumano, que estaba con Lucazs, su amigo polaco. De nuevo sentí esa familiaridad, me hizo acordar a alguien de mi entorno más íntimo, aunque no supe muy bien qué era lo que generaba esa empatía.

Después de hacer las fotos frente a su lugar de trabajo, el frío era insoportable y nos fuimos al ya conocido café Herman’s. Ahí me contó de su proyecto de investigación sobre las enzimas. Me dijo que trabajaba en la transformación de los elementos. En este caso, estaba trabajando con la posibilidad de transformar el azúcar en algo distinto y esperaba poder aplicar sus conocimientos en Tucumán -tan popular por su industria azucarera.

Mientras charlabamos, el polaco jugaba con su celular. Ernesto me habló de lo mucho que lo había transformado su experiencia en Alemania, tanto por lo que estaba aprendiendo como por su trabajo en el instituto y en el laboratorio. Me contó que tenía varios grupos de amigos y que no estaba solo con los argentinos, sino que se había abierto a otras personas. Hablé con Lucasz sobre W imie, la película polaca que había visto en Berlín, pero creo que confundimos la directora y la conversación no llegó a ningún lado.

Se fueron y yo me quedé trabajando en el bar un rato. Cuando llegó el momento de pagar el café, hurgué en mi billetera para sacar los euros, y encontré el papelito de la galleta de la fortuna que me habían dado en el restaurant chino al mediodía; el mensaje decía: ‘Sometimes, travelling to new places can bring great transformation’ 有时候,到新的地方旅行会带来巨大的转变. Pagué, guardé todo y salí.

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