En Braunschweig

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9 de febrero de 2013

Partí en tren hacia Braunschweig. Ya en el camino el paisaje me sorprendió. Traía conmigo los periódicos que me había dado Julia como publicaciones de su proyecto. Los leí mientras avanzaba el viaje y anoté en el cuaderno: Iskra, de la chispa arderá la llama. Después de un rato, el ICE se detuvo en Wolfsburg, miré por la ventana y allí estaba la fábrica de Volkswagen, con su logo inconfundible y una gran chimenea. Pensé en los obreros, aunque de pronto recordé que hoy casi no quedaban… ¿Si hay máquinas-robots que arman los autos? Entonces pensé en el abuelo de Julia y en su revolución. ¿Qué quedará de aquello? ¿A dónde habrá ido a parar aquella Iskra ¿En qué se habrá transformado?… me distraje cuando el tren volvió a arrancar; volví a mirar el cuaderno y vi que tenía anotado: Sol y Fernando 15.30 Café Herman’s.

Llegar hasta el punto de encuentro con los becarios, fue difícil. Llegué a la estación central de Braunschweig, tomé el tranvía, bajé y caminé. Caí en la Lessing Platz y no supe como seguir. Cuando llegué finalmente al hotel donde me hospedaría, tuve una sensación extraña -el hotel olía a iglesia. Dejé mis cosas y comí algo en un restaurante Chino que encontré a unos metros. El cartel del restaurante decía Büffet-Haus, Auguststraße 12, pensé que no podía fallar; además, me darían una de esas galletas de la fortuna que tanto me gustan.

Después de almorzar, tomé el Tram en dirección a la biblioteca de la Technische Universität Braunschweig. Cuando llegué a la parada, Sol y Fernando estaban ahí, los reconocí enseguida; encontré en ellos algo familiar desde el primer momento.

Percibí que la energía de Sol era más intensa que la de Fernando: Sol de Rosario, Fernando de San Juan -quizá tendría algo que ver con sus ciudades de origen. Como se había hecho tarde, fuimos primero a la biblioteca de la Universidad, ya que si se hacía aún más tarde nos quedaríamos sin luz para hacer las fotos. El edificio me hizo acordar al Palast der Republik de Berlín, quizá por los vidrios espejados.

Me contaron de la beca y de cómo habían llegado a Alemania; eran dos estudiantes de ingeniería a punto de recibirse. Entramos a la biblioteca que estaba llena de estudiantes. Afuera nevaba y desde una de las ventanas se veía un chimenea gigante que había visto antes de llegar a allí. Fernando me dijo que era una planta de energía que alimentaba a la ciudad. Hicimos las fotos dentro y fuera del edificio. Fernando me ayudó con las cámaras ya que había sido ayudante de un fotógrafo hacía un tiempo. Cuando estábamos afuera aparició Joel -un compañero mexicano- y se pusieron a charlar los tres. Quedé afuera, alejada de la conversación, en el centro de la explanada de la Bibliothek.

Caminamos en dirección al café Herman’s. Allí Sol contó que se había puesto de novia con uno de los becarios argentinos de ALEARG y que estaba trabajando en un proyecto con concreto de ultraresistencia. Fernando habló de los Gps de los trenes, y pensé en ese mundo fascinante de la ingeniería y de la técnica. Me interesaba mucho escucharlos, aunque me perdía por falta de información.

En un momento Fernando dejó de hablar de sus proyectos y me dijo que Braunschweig era muy famosa por ser la ciudad que le había entregado la nacionalidad alemana a Hitler.

Sol hablaba rápido, al punto que sentí en un momento que mi atención se desvanecía. Les entregué la postal y los dos la llenaron instantáneamente. Escribieron juntos cosas parecidas.

Aunque eran las 6 de la tarde, ya era de noche. Volví en el Tram con una sensación muy distinta a los encuentros anteriores. Pensé en qué distintas eran estas ciudades y en los diferentes mundos que habitan las personas…
Ya en el hotel, me tomé un rato para trabajar y googlé: Hitler+Braunschweig:

El día 26 de febrero de 1932, Hitler fue citado al mediodía en el número 11 de la Lützowstraße, sede de la legación del gobierno de Braunschweig en la capital del Reich. Juró allí su cargo, teniendo que pronunciar la fórmula oficial estipulada por la ley: «Juro lealtad a la constitución del Reich y del Estado, obediencia a las leyes y el cumplimiento de conciencia de mis funciones oficiales». Podía ahora presentarse en una lista electoral y ejercer un cargo público como ciudadano alemán de pleno derecho.

Encontré esa información fragmentada, de distintas fuentes, en un foro de la segunda guerra mundial. La entrada la escribía un tal Eckart, y el fragmento venía citado de: Morsey, Rudolf. Hitler als braunschweigischer Regierungsrat. Vierteljahrshefte für Zeitgeschichte. 1960;4:419-48. Cerré la laptop y me fui a dormir enojada con aquel acto tan preciso que cambiaría el curso de la historia.

10 de febrero de 2013

Al día siguiente desperté molesta. No pude dormir bien por el ruido que hacía la heladera que tenía en la pequeña habitación del hotel con olor a iglesia.

Me encontraría con Ernesto por la tarde, así que decidí recorrer la ciudad. Caminé por una Braunschweig nevada, me pareció mucho más linda de lo que me había parecido el día anterior. Investigué un poco las muestras que había, y descubrí el museo de fotografía y una muestra de Bogomir Ecker en la Hochschule für Bildende Künste Braunschweig. Me entusiasmé y caminé hasta ahí.

El trabajo me pareció fascinante, Idylle + Desaster era en parte una gran cita al fotolibro de Larry Sultan y Mike Mandel, Evidence, editado en 1977. Aquellas fotos, ahora fuera de su contexto original, se exhibían de manera miscelánea una al lado de la otra: archivos policiales, experimentos de laboratorio tipo químico, explosiones, naturaleza, fotos periodísticas intervenidas, etc. Entré y me sorprendió un estudiante de Ecker que me hizo una visita guiada por la muestra. Me contó que el artista había comprado esas fotos por eBay durante muchos años hasta armar esa colección. En el centro de la sala se veía una instalación con muebles rescatados de la DDR, rodeados por aquellas fotografías, y tapados por un material aislante contra el ruido, la muestra continuaba en Berlín. Was für ein Erlebnis fue toparme con la muestra de Ecker. Fue un acontecimiento descubrir esa obra tan ligada a la técnica y a la comunicación, estar justo ahí en ese momento… Me acordé de sus esculturas que había visto en alguna oportunidad, aquellos objetos extraños, que parecían salidos de una película vintage de ciencia ficción.

Salí, afuera el día era luminoso como pocos hasta ese momento, aunque el frío persistía y yo me sentía corroída por la incertidumbre de aquella obra que acaba de ver. Camino al encuentro, saqué algunas fotos de la ciudad con la influencia que me quedaba del trabajo de Ecker y decidí cambiar la película a blanco y negro.

Llegué a otro edificio de la TU donde me esperaba Ernesto, un ingeniero químico tucumano, que estaba con Lucazs, su amigo polaco. De nuevo sentí esa familiaridad, me hizo acordar a alguien de mi entorno más íntimo, aunque no supe muy bien qué era lo que generaba esa empatía.

Después de hacer las fotos frente a su lugar de trabajo, el frío era insoportable y nos fuimos al ya conocido café Herman’s. Ahí me contó de su proyecto de investigación sobre las enzimas. Me dijo que trabajaba en la transformación de los elementos. En este caso, estaba trabajando con la posibilidad de transformar el azúcar en algo distinto y esperaba poder aplicar sus conocimientos en Tucumán -tan popular por su industria azucarera.

Mientras charlabamos, el polaco jugaba con su celular. Ernesto me habló de lo mucho que lo había transformado su experiencia en Alemania, tanto por lo que estaba aprendiendo como por su trabajo en el instituto y en el laboratorio. Me contó que tenía varios grupos de amigos y que no estaba solo con los argentinos, sino que se había abierto a otras personas. Hablé con Lucasz sobre W imie, la película polaca que había visto en Berlín, pero creo que confundimos la directora y la conversación no llegó a ningún lado.

Se fueron y yo me quedé trabajando en el bar un rato. Cuando llegó el momento de pagar el café, hurgué en mi billetera para sacar los euros, y encontré el papelito de la galleta de la fortuna que me habían dado en el restaurant chino al mediodía; el mensaje decía: ‘Sometimes, travelling to new places can bring great transformation’ 有时候,到新的地方旅行会带来巨大的转变. Pagué, guardé todo y salí.

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