Volver a Berlín

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18 de Febrero 2013

Volví a Berlín en el Regio que tomamos con Clara en Rostock. Nos despedimos en el S-bahn, yo bajaba en Hackescher Markt y Clara seguía. Parada ya para bajarme, quedamos en volver a vernos y cenar con Julia antes de mi partida, que sería en 4 días. Nos dimos un abrazo, escuché el sonido de las puertas que se abrían y bajé.

Llegué al departamento de Kathrin, y me desplomé. Tirada en la cama, miré al techo y todavía tenía la sensación del movimiento del tren en el cuerpo. Pensé en el recorrido, en la gente que había conocido y en lo que me quedaba por hacer esos últimos días en Berlín.

Al día siguiente me levanté y salí a desayunar al Bäckerei shop sobre la Kastanienalle. Era mi lugar favorito de la mañana, justo frente a la parada del Tram. Entraba y salía gente a comprar café, y me gustaba trabajar un rato ahí con los turcos hablando, me envolvía ese murmullo de una lengua inentendible para mí.

Empecé a planificar mis últimos días allí. Ese día me esperaban Ale y Lucía, una pareja de becarios que vivían en Charlottenbug. Miré el mapa y vi que tenía que hacer varias combinaciones para llegar desde Mitte, así que me apuré un poco, agarré el café y me subí al Tram que venía. Hice varias combinaciones hasta llegar a la estación de subte de la Sophie-Charlotte Platz y caminé hacia el departamento de la pareja. Al llegar charlamos un rato. Lucía estaba haciendo su doctorado en filosofía. Su base era Bremen, pero iba y venía, ya que habían decidido instalarse en Berlín. Alejandro, geólogo, había estado viajando por el mundo hasta que coincidieron para quedarse un tiempo en Alemania. El departamento era tranquilo; me ofrecieron té mientras saqué los retratos y les hice las preguntas.

Cómo estaba en el oeste de la ciudad, ya había visto previamente en el mapa que estaba cerca del hogar donde estaba mi Oma. Ella estaba allí hacía unos 3 años. Había decidido volver a Alemania en la vejez, después de haber vivido su vida en Argentina -donde había llegado a los 10 años con sus padres, escapando del nazismo. Tenía anotada la dirección en el cuaderno: ‘Teplitzes str. 10, hablar con Frau Schrott’.

Cuando llegué al Altenheim, me encontré con una casa antigua y muy bien cuidada rodeada de un paisaje muy lindo. Vi a mi Oma, y me entristecí al segundo. Ella no podía hablar, había perdido el lenguaje. Antes, ella había hablado alemán, castellano e inglés. Ahora no podía hablar ninguno de ellos… Balbuceaba, mientras se le caían las lágrimas. Yo solo la calmaba mientras me aguantaba la bronca de verla así. Nos sentamos en una galería, afuera nevaba intensamente.

Le conté lo que estaba haciendo, que tenía mis cámaras conmigo y que había viajado por Alemania. Le hablé un poco en alemán, le relaté algunas anécdotas de la infancia, de como extrañaba sus comidas… Hasta que en un momento se tranquilizó. Después de un rato me despedí de ella con un abrazo, le agradecí todo y me fui.

Me senté en el bus sin despegar la cabeza de la ventana, dejé que me llevara a destino. Solo miraba el paisaje y la tormenta de nieve que sucedía afuera. Sabía que ya no vería más a la Oma. Sentía una profunda tristeza, ella había sido una gran inspiración para mí. De ahí en más, la extrañaría siempre.

One Comment to “Volver a Berlín”

  1. Muy sensible sobre el final del relato también sentí que-no sé cómo- uno presiente esas despedidas. Tu viaje completo en todos los sentidos. Hacia afuera y hacia dentro tuyo.

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