Clara

Clara es socióloga de La Plata, vive en Rostock.

Clara en la terraza del Kolleg. Rostock. Febrero 2013.


CON CLARA EN BERLÍN

6 de febrero de 2013

Me encontré con Clara en la biblioteca del Instituto Iberoamericano. Antes había vagado por las librerías, buscando algo de material, y por la zona de Postdamer Platz, sacando fotos. Cuando entré en la Ibero, vi a alguien que sacaba sus cosas del locker y enseguida me di cuenta de que era Clara. Como era mediodía, salimos de la Ibero y nos fuimos rápido para la Mensa, el comedor universitario de un centro de estudios sociológicos que quedaba pasando la Nueva Galería Nacional. Enseguida me sentí a gusto con ella. Recordé los meses que pasé en Leipzig, comiendo casi todos los mediodías en la Mensa de la Universidad: la fila, la gente, los menúes raros, y el grito de feierabend! hacia el final del almuerzo. El menú para ambas fue el típico alemán, redundante y obvio: salchichas con chucrut.

La conversación con Clara fue fluida desde el principio. Me contó con mucha pasión acerca de su trabajo en Alemania, de cómo había llegado hasta allá y por qué le interesaba aquel país. Me contó que hacía casi 3 años que vivía en Alemania, ya que había pedido una beca para hacer su doctorado completo allá. Su lugar de base era Rostock, pero hacía visitas periódicas a Berlín. Le pedí que me contara brevemente acerca del tema de su tesis doctoral: la recepción de la filosofía Alemana en el primer peronismo -con Heidegger como figura fundamental- y la interpretación de esas ideas en el ámbito cultural y político de la Argentina del ’46. También me contó sobre la llegada de filósofos alemanes a Argentina y la mirada que ellos tenían sobre nuestro país. Clara gesticulaba y hablaba con mucha fuerza sobre su especialidad. En  aquel entonces, Argentina, como país, buscaba posicionarse en el centro de la escena y no en la periferia. Cuando Alemania estaba desgarrada por la posguerra, Argentina vivía un momento próspero a nivel político, económico y cultural. ‘Cómo viajan las ideas, me dijo, ‘eso me interesa, cómo se interpretan’. También habló sobre la generación que hoy está escribiendo desde otro lugar, dejando un poco atrás a los opinólogos de la historia. Esta experiencia en Alemania le había dado la posibilidad de formar parte de aquel grupo, gracias a la posibilidad que había tenido de visitar tanto los archivos alemanes como los argentinos. También habló de lo precario del sistema de archivos en la Argentina y de lo difícil que muchas veces se tornaba todo debido al descuido y el caos. Habló con ímpetu de sus filósofos favorito, Carlos Astrada, filósofo argentino que vino a Alemania en los años veinte a estudiar filosofía en la ciudad de Friburgo. También mencionó a Heidegger en relación a la cabaña que tenía el filósofo en las afueras de la ciudad. Ella misma estando en Friburgo visitó ambas casas. Una serie de sucesos afortunados la hicieron llegar a la casa donde se había alojado Astrada y conocer a la descendencia de Heidegger en la casilla del filósofo. En ese punto el relato llegó a su punto más alto. Clara describió los encuentros con los familiares de Heidegger como ‘mágicos’.
La acompañó en todo ese viaje, una hoja de roble que su padre le había pedido le trajera de la Selva Negra.

Terminamos el almuerzo y volvimos caminando a la Ibero. Me dijo que quería terminar su tesis en Alemania y publicarla. Le hice unas fotos junto al monumento de Bolivar, después entramos. Me llevó hasta el lugar donde trabajaba rodeada de libros y equipada con una computadora. Luego me acompañó hasta la puerta y nos despedimos con un fuerte abrazo. Volveríamos a encontrarnos en Rostock.

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ENTREVISTA

6 de febrero de 2013

¿Qué viniste a buscar a Alemania y que es importante para vos de este viaje?

Es la pregunta más difícil de responder…son varias cosas; este es un tercer viaje a Alemania para mi, y tiene que ver con una relación con Alemania que empieza desde muy chica. Mi papá vino a estudiar y a trabajar a Alemania cuando yo tenía 2 años, vino a trabajar un año en un proyecto y ese año nos mandaba cartas, regalos y un montón de cosas a mi y a mis 3 hermanas y a la quinta que estaba en camino. Alemania fue siempre durante la infancia el lugar donde estaba mi papá en un momento, y después un lugar desde donde venía gente. Vinieron un montón de alemanes durante los años 80 y 90 a mi casa en City Bell y nos traían regalos, nos mandaban cassettes, nosotras cantábamos las canciones que nos habían enseñado de esos cassettes en alemán. Mi papá vino bastante alemanizado, esos detalles de sacarse los zapatos cuando entraba a la casa, muchas cosas que trajo de la cultura alemana a la familia y Alemania siempre fue un lugar de esas fotos, de esa gente que venía, de esas canciones. Así que digamos que era una segunda cultura, además porque nosotras íbamos al Instituto Alemán de La Plata. Estudiábamos alemán y participábamos de todas las actividades del instituto. Así que cuando terminé el secundario me fui a trabajar a Alemania como aupairmädchen seis meses a una familia. Después me puse a estudiar sociología. Y así ese recuerdo de la infancia pasó a una cuestión más intelectual cuando empecé a leer filósofos alemanes. Y entonces pensaba, cómo podía ser que tantas figuras tan importantes, tantos pensadores tan increíbles, que a mi me fascinaron siempre como, la Escuela de Frankfurt, por ejemplo, como podía ser que un país que podía producir esos filósofos pudo producir el nacionalsocialismo. Esa fue la pregunta que me persiguió, ese país tan lindo en muchos aspectos, con esa naturaleza, con esos pensadores, con esos poetas, con esos artistas…siempre me persiguió esa pregunta que creo que la tiene mucha gente y la tienen los propios alemanes, ¿Cómo pudo suceder algo así?. Después me atrajo esta manera extrema de vivir el siglo XX. Alemania vivió una parte democrática, una república de Weimar que parecía que venía bien, una revolución en el XIX, en el XX una revolución trunca, se viene el nacionalsocialismo después está dividida en dos, una parte socialista y una parte capitalista democrática, y ahora esta última Alemania que tenemos reunificada. Me parece un país en ese sentido que vivió el siglo XX intensamente…todos los regímenes políticos posibles. Al estudiar ciencias políticas, sociología, creo que Alemania es un lugar donde explota…no sólo porque acá hubo mucha producción, filosófica, política, sino además ocurrieron cosas y en esta tierra hay mucha historia.

¿Qué vine a buscar? son esas preguntas. Y es un poco extraño, porque uno estudia desde Argentina con mucha pasión la filosofía alemana, y justamente mi tema tiene que ver con eso, estudiar argentinos que se apasionaron como yo por la filosofía alemana. ¿Qué venían a buscar esos filósofos acá?, ¿Por qué se apasionaron tanto por la filosofía y por Alemania?. Ellos hicieron viajes también, y yo misma lo estoy haciendo, y estudiar acá para mi tiene una ventaja muy grande que es vivir las dos cosas, no me siento despegada de Argentina para nada. No es un inconveniente sino un plus estar acá para mi tema de trabajo. Mi tema de trabajo no es solamente un tema de trabajo para mi, es mi vida. Lo vivo con la pasión cotidiana.

Clara en el tren a Warnemünde. Febrero 2013.

¿Cómo se ve Argentina desde Alemania?

¡Son todas preguntas difíciles!…yo haría más bien la pregunta así: ¿Cómo se ve Latinoamérica desde Alemania? creo que a muchos nos pasó de descubrir Argentina en Latinoamérica desde Alemania, es decir, darse cuenta del lugar donde estamos. Qué es Argentina para el resto del mundo y ubicarla dentro de Latinoamérica, cosa que cuesta porque Argentina tiene ese mito pseudoeuropeo un poco ridículo. Yo descubrí Argentina en el Instituto-Iberoamericano, y descubrí la mirada que tienen los alemanes o los europeos sobre Argentina que es bien diferente a la que tienen los argentinos mismos.

Creo que el shock más grande es ver un país que funciona de otra manera, con otras lógicas políticas. Acá te pasa eso de sentirte muy tranquilo, ver que todo funciona, pero después vienen otras preguntas: ¿Cómo se llegó a esto?, ¿Qué tuvo que pasar un país para llegar a esto? ¿A costa de qué se vive así en Alemania?. Uno ve como es el sistema escolar, la clasificación de las personas y pienso, sí, todo funciona bien, pero ¿cómo vive la gente? ¿cómo vive sus sueños?. Entonces después de analizar esas preguntas uno ve una Argentina de más libertad, para mi, a nivel persona. Si tenés algunas herramientas creo que Argentina te da la posibilidad de una mayor libertad, el hecho de poder anotarte en una carrera universitaria cuando quieras, yo puedo volver a la Argentina y estudiar física si quiero. Vivir en Alemania me hizo ver muchas cosas positivas de la Argentina, obviamente que hay que mejorar muchísimo pero, sí, una mayor libertad, y creo que eso hay que defenderlo con todo.

La universidad pública y gratuita es una gran cosa. En Alemania también la universidad es gratuita, pero como dije hay un sistema de selección que hace que no todas las personas puedan llegar a estudiar, a pesar de que económicamente podrían costear una carrera, y eso a veces te lo dicen a los 11 años. Es decir que la gente que viene, los inmigrantes o hijos de inmigrantes no llegan. Argentina expulsa y margina a muchísimas personas pero creo que tiene un potencial muy grande si logramos sacar de la pobreza a la gente. Ha demostrado que supo integrar a muchos inmigrantes. Yo estudio justamente filósofos que todos eran hijos de inmigrantes nacidos en España o Italia, primera generación de inmigrantes y se sentían argentinos, y eso era porque habían podido ir a estudiar filosofía siendo hijos de zapateros italianos, como Coriolano Alberini que fue decano de la Universidad de Buenos Aires, por ejemplo. Los filósofos que yo estudio eran hijos de inmigrantes pobres, sin cultura formal y llegaron a ser decanos o rectores de la universidad. Eso fue algo fantástico que es más difícil que ocurra en Alemania.

Clara en su oficina de Rostock. Febrero 2013.

¿Notás algún cambio significativo, en relación a tu vida, a tu carrera o tu personalidad?

Sí, cambió mucho la perspectiva. Profesionalmente sí. Yo estudié sociología, muy centrada en Argentina y mirando lo que se puede de Europa: Francia, Alemania…y desde Alemania ves el mundo, acá la gente estudia India, estudia África, estudia América Latina, Centro-América, Norte-América. Yo estoy en un grupo de doctorandos que trabajan todos temas internacionales. Se maneja mucha literatura en todos los idiomas, hay bibliotecas increíbles, es decir, es un antes y un después. Los contactos culturales, la recepción de ideas que yo estoy tomando ahora lo puedo comparar hoy con África, por ejemplo. Lo trabajo desde una perspectiva mucho mayor de la que tenía al llegar, cosa que desde Argentina es más difícil por muchas razones: porque falta la bibliografía, porque faltan los profesores que te puedan enseñar sobre India o sobre África o China. Acá hay especialistas de todo, entonces yo puedo hacer un seminario o tener colegas y ver teorías de la recepción y en la praxis ver como se da entre Japón y Europa en comparación con Argentina y Europa. Fui hace poco a unas jornadas donde había gente que estudiaba Weber en Japón, yo Heidegger en la Argentina y había un sociólogo de la India que estudiaba la recepción de Durkheim. Todos discutiendo la recepción sur-norte, pero también se empieza a abrir la relación sur-sur, India-América Latina por ejemplo. La idea de recepción de Europa a América Latina ya está muy estudiada. Otra cosa que me cambió el venir acá, es gracias a los archivos, las bibliotecas y los colegas no sólo ver la recepción Argentina de la filosofía Alemana, sino la mirada de los Alemanes hacia Argentina.

Eso es interesante, hay que observarlo y hay que ver que para ser potencia hay que conocer el mundo y tener investigadores que conozcan el mundo. ¿Desde qué lugar uno lo quiere hacer?, desde el lugar de conocimiento, no para ir a dominar a nadie, lo contrario, para cooperar, para comprendernos mejor. Todo esto me cambió totalmente la visión del mundo. Creo que todos los cientistas sociales deberían tener un momento de ir afuera sea donde sea, del país, incluso de la universidad, dentro del mismo país. Salir del lugar donde se formaron es muy importante para abrir la mente, para conocer otros colegas y otras miradas.

Cambios a nivel personal es más difícil de responder, tal vez lo puede responder otra gente que me conoce, yo no he notado un cambio muy grande de mi personalidad. Sí, quizá algunas costumbres alemanas que ya las incorporé, por ejemplo cuando llego a allá, me llama la atención que la gente se deja los zapatos si entra a las casas. Atino a hacer cosas que ya me quedan de estos 3 años de estar acá. Y en el léxico, incorporé muchas palabras que se usan en Latinoamérica, un español más neutro. La última vez llegué y les dije a mi hermanas que me pesaban un montón las maletas, se reían y me preguntaban ¿por qué las maletas?, ¡las valijas!. Y eso es porque tengo colegas y amigos de Latinoamérica, y empiezo a decir menos argentinismos para que se entienda mejor. Personalidad entonces diría que no. Sí pequeñas costumbres alemanas y latinoamericanas.

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¿Hay algo que te haya marcado hasta el momento?, ¿Algo que consideres un hito dentro de la estadía?

Sí, una de las cosas más lindas que tiene esta profesión es la búsqueda de archivos, y encontrar cosas nuevas. Antes de venir a Alemania, había pensado que la tesis iba a ser solamente recepción de la filosofía alemana en la Argentina en determinado período, la mirada Argentina hacia Alemania. Pero no se me había ocurrido hasta ese momento, porque tampoco tenía ningún material, pensar la mirada de los alemanes hacia la Argentina. Como sabía que había habido un congreso de filosofía en el año 49′ donde habían venido un montón de alemanes a la Argentina, pensé que si me iba a los archivos en Friburgo, en el sur de alemania, donde estaban los documentos de esos años, tal vez encontraría algo. Y además iba en búsqueda de las huellas de Carlos Astrada que había vivido en la ciudad. Carlos Astrada fue un filósofo Argentino que trabajó en Alemania en el período de entre guerras, y es el filósofo más importante para mi tesis. Fue el que recepcionó a Heidegger en la Argentina, fue uno de los receptores de la filosofía Alemana y el que más resignificó esa filosofía, intentando hacer una filosofía nacional y popular. Yo me fasciné con la figura de Carlos Astrada e ir a Friburgo en esa búsqueda de archivos, era una búsqueda importante, ya que en Friburgo también vivió Heidegger, es un lugar mitológico, diría. Friburgo es el lugar más lejos en Alemania al que se puede viajar desde Rostock. Fue un viaje largo…me hospedaron unas chicas que no conocía, iba con bastante expectativa y no sabía con que me iba a encontrar. Finalmente ese fue un viaje de un antes y un después. Cambiaron muchas cosas, cambió la perspectiva de mi tesis porque encontré en ese archivo, documentos, cartas y fotos de los alemanes en la Argentina que habían estado en ese congreso, diarios de viaje que hablaban sobre el país y sobre el peronismo, sobre la experiencia del viaje. Fue importante no sólo porque me di cuenta que con ese material podía cambiar y tomar esa mirada alemana sobre la Argentina, lo que fue un gran descubrimiento, sino porque además se me ocurrió hacer un pequeño homenaje a Carlos Astrada y buscar la casa donde vivió el filósofo. Busqué en los archivos y descubrí que su residencia estaba a metros del lugar donde me hospedada. Entonces ese día, que era feriado, me fui con un cartel que decía Aquí vivió el filósofo Argentino Carlos Astrada, a hacer justicia histórica. Claro que los vecinos se alarmaron, cuando me vieron hacer esto y fotografiando, y cuando salieron de sus casas para preguntarme y dije que era por un filósofo, me invitaron a tomar café con torta para que les cuente. Así que terminé hablando con todo el vecindario de Carlos Astrada. Y ese mismo día otra de las cosas que tenía planeado hacer era ir a la cabaña de Heidegger. Dudaba de ir…Heidegger es un personaje bastante oscuro dentro de la historia de la filosofía, pero me parecía que ir a su cabaña también debería ser parte de esa experiencia. Heidegger es un símbolo… incluso que él se haya querido quedar en esa cabaña en el bosque, lo que significa ese bosque, la vida campesina, lo alemán, lo romántico. No sabía si después del homenaje a Astrada tendría que hacer otra cosa ese día. Pero al llegar al lugar donde me hospedaba, encontré un papelito que decía: Si vas a la cabaña te acompañamos, el papel lo escribieron las dos chicas alemanas que me hospedaban, que no me conocían, pero que tenían ganas de dar un paseo ese día aunque no sabían quien era Heidegger. En el viaje les conté que Heidegger había sido uno de los filósofos más importantes del siglo XX. Estando en la cabaña, y luego de varios periplos, apareció una señora por el camino, imaginé que era otra loca que iba a la cabaña, ya que el camino conduce sólo allí. Resulta que era una amiga del nieto de Heidegger y ahí mismo apareció el nieto. Me presenté y charlé con él, me atendió muy bien, y pasado el rato ya quería que haga traducciones de textos inéditos del filósofo…un poco exagerado. Fue un momento muy extraño porque la familia va sólo dos veces al año a la cabaña a cortar el pasto y a sacar las telarañas, y en ese mismo instante estaba yo. Volví pensando que había sido todo muy mágico, haber viajado hasta allá, sin saber que iba a encontrar y llevarme no sólo material para la tesis, sino una experiencia de historia vivida. Ese fue uno de los hitos más importantes de mi estadía en Alemania, que creo voy a recordar siempre. Y todo esto pensando en Guillermo David, un gran amigo Argentino, que fue el que inspiró mi tesis. Él nunca estuvo en Alemania pero conoce muy bien toda esta historia, y fue muy lindo mandarle las fotos y contarle que había estado ahí, ya que en el fondo fue un homenaje a él.

Clara frente al Ostsee, Rostock. Febrero 2013.

¿Cómo te imaginás tu futuro? Expectativas, sueños, miedos, esperanzas.

Mi futuro inmediato va a ser terminar esta tésis. Sé que lo que quiero es trabajar en el ámbito académico, científico, lo que más me gusta es la enseñanza y la investigación, así que va por ese lado sí o sí. La docencia sobre todo, y el aprendizaje constante con los alumnos, el ida y vuelta…el trabajo de archivo y seguir descubriendo nuevas huellas. Esto es lo que me gusta hacer, es lo que elegí y a lo que le pongo toda mi pasión. También trabajar institucionalmente para mejorar bibliotecas, archivos, me gustaría que toda la experiencia que tengo acá me sirva para trabajar en Argentina en ese sentido.

Acá tenés que hacer una habilitación, hay que escribir un segundo doctorado para tener una cátedra. Si me quedo en Alemania empezaría a escribir el segundo doctorado, y si quiero tener una familia se puede complicar. Quizá este es mi único temor, no poder unir las dos cosas.

¿Te quedarías en Alemania definitivamente? ¿Cómo plan de vida?

Sí y no. Para mi Alemania es mi segunda patria, la primera es Argentina. Acá ya me siento como en mi casa. La condición para quedarme sería, poder trabajar en lo que me gusta.



CON CLARA EN ROSTOCK

17 de Febrero de 2013

El viaje hacia Rostock fue largo. Salía temprano desde la estación Jena Oeste. Llovía. Esperaba el taxi mientras intentaba tomar un pequeño desayuno. El dueño del hostel me llamó la atención, me dijo que me apurara, que seguramente el taxi ya estaría abajo. Me metí el sandwich de salame en la mochila y bajé. Cuando llegué a la estación saqué algunas fotos mientras esperaba el tren, el paisaje se presentaba húmedo y solitario. Una vez más montada en el ICE me dispuse a trabajar sobre una de las mesas. A medida que pasaban las estaciones, subían y bajaban los pasajeros. Recuerdo ese padre e hijo que subieron en Naumburg. Me emocionó escucharlos, reirse, mirar juntos por la ventanilla, hasta que se bajaron en Leipzig. Cuando salía de Leipzig me asaltaron algunos recuerdos de los meses que pasé ahí. Tenía que hacer un cambio de tren en Berlín y cuando llegué la estación era un caos, supongo que porque era sábado por la mañana, todos se mueven de una ciudad a otra los fines de semana. Cuando estaba parada en el andén esperando el tren regional que me llevaría a Rostock tuve el impulso de quedarme, pero Clara me esperaba.

El paisaje era cada vez más húmedo y sucio, creo que estaba influenciada por la ventanilla más pequeña y llena de barro del ‘Regio’, como lo llaman los alemanes. Después de 6 horas, llegué a Rostock, Clara me esperaba en la estación y fuimos caminando hasta su WG ( we-gue, así se les llama a los departamentos compartidos ). Cuando llegamos comí los fideos que había comprado en la estación ( solo había comido ese sandwich de salame en todo el día ) y salimos caminando a la oficina de Clara situada en el Kolleg, donde haríamos las fotos y la entrevista, fue todo encadenado ya que no había mucho tiempo, al día siguiente partíamos hacia Berlín. La ciudad estaba vacía, la humedad y la nieve persistían y  junto con algunas cosas que pude identificar de su pasado dentro de la DDR, todo tenía un tono melancólico.

Hicimos la entrevista con te de por medio, Clara contestó las preguntas de manera exhaustiva, fue la entrevista más larga que conseguí. Subimos a la terraza del edificio que ofrecía una buena vista panorámica de la ciudad. La presencia del agua, allá un barco y las casas pintadas de colores, tan típico de las ciudades costeras. De nuevo me invadió una sensación de nostalgia. Clara posó para la cámara con sus botas clavadas en la nieve que se depositaba en la terraza. La luz ya era pobre, casi todo el viaje lidié con esa luz austera, pero ahora sí se estaba haciendo de noche. Caminamos de vuelta y paramos en un supermercado a comprar unos víveres para la cena, nos esperaban sus compañeras de departamento o Mitbewohner como lo llaman ellos. Cuando llegamos las Mitbewohnerinnen estaban ya sentadas en la mesa comiendo unas hamburguesas vegetarianas con papas fritas que acompañaban con los más diversos aderezos de inconfundible etiqueta: BIO-OKO-AUS DER NATUR. El lugar de Clara era un típico departamento compartido con 4 habitaciones y abundaban carteles pegados en la pared con frases de tono feminista. La cena era exclusiva de chicas, me confundía un poco la situación, quienes vivían con Clara, si algunas eran pareja, si eran amigas…me costaba seguir la conversación, por momento conectaba y por momentos me perdía completamente presa del lenguaje. Esa noche dormí como nunca había dormido en todo el viaje. Clara me dejó su habitación que estaba casi desmantelada porque se estaba mudando de cuarto. A la mañana siguiente desayunamos con 2 de las integrantes del WG y ahí finalmente identifiqué a sus compañeras. Salimos a explorar Rostock con el día casi igual en aspecto que el anterior, pero esta vez con algo de niebla. Yo quería llegar al mar, quería llegar al borde y pararme frente al mar del este, así que tomamos el tren hasta la playa de Warnemünde. Durante el viaje, Clara habló de su relación con Rostock, de como había llegado ahí y de lo mucho que le gustaba. Cuando estábamos llegando a Lichtenhagen me contó de los episodios xenófobos que habían sucedido en los años 90′ en los monoblocks típicos construídos durante la DDR. El paisaje se volvía cada vez más desolador, cuando por el altoparlante se escuchó la voz: Lichtenhagen acompañada por la típica musiquita que anuncia la parada. La intolerancia de un grupo de alemanes hacia extranjeros residentes vietnamitas había ocupado un lugar en las noticias. Al parecer la televisión jugó un rol importante ya que por lo que entendí, se mostraban imágenes de la gente del barrio apoyando a este grupo de neo-nazis.

Pude ver y fotografiar desde el tren en movimiento aquel emblemático edificio de los girasoles mientras Clara me lo apuntaba con el dedo. Lo que quedó del viaje hasta la playa se me presentó de nuevo la guerra, el comunismo, la intolerancia y de como ese hecho traía todo ese pasado hasta acá, justo en ese momento divisé el agua. Era domingo y la gente paseaba por las calles de la ciudad costera, esto es como Mar del Plata me dijo Clara. Estaban las gaviotas revoloteando, queriendo robar algo de comida, estaba el aroma del Gluhwein, el vino especiado, estaban los paseos en barco y los puestos de comida hasta que finalmente llegamos a la playa. Sentí el silencio, y una tranquilidad inquietante. El agua se movía casi nada, en el horizonte se depositaba un poco de niebla, el escenario era tan calmo, que tuve una sensación de tranquilidad y de temor al mismo tiempo. Despegué un poco la vista del horizonte, miré hacia la derecha y vi como suavemente se acercaba un crucero gigantesco. Clara me sacó de ese letargo. Giré bruscamente la cabeza para encontrar el Hotel Neptuno, ahí es donde paró Fidel Castro en los años 60′, me dijo. Seguimos caminando un poco más por la playa, muchos paseaban por la orilla. Emprendimos la vuelta con un sandwich de pescado a cuestas. Cuando llegamos, tomamos el tranvía hasta la ciudad vieja. El clima de domingo era absoluto. Pasamos por las iglesias hasta llegar a la Petrikirche, la favorita de Clara debido al ‘bonete’ negro que se veía desde toda la ciudad, nos sacamos una auto-foto juntas, pero el bonete salió cortado. Cerca de ahí me confesó que era el lugar donde soñaba instalarse. Mientras seguíamos el recorrido me contó un episodio vivido cuando la visitó su hermano. El episodio es extenso y digno de otro relato, por lo que decidí mencionarlo a modo de título y dejarlo ahí: EL MISTERIOSO CASO DEL ROBO DE LA FIGURA MEDIEVAL por los Hermanos R. Clara tuvo que volver a su departamento y yo quedé vagando por Rostock.

Me perdí. Clara vino a buscarme corriendo, ya que teníamos que tomarnos el tren con destino a Berlín. Charlamos todo el viaje acompañando con las papas fritas que habían sobrado de la noche anterior. Cuando llegamos nos subimos al S-bahn para llegar a nuestros respectivos hospedajes. Quedamos en volver a vernos antes de mi partida pero finalmente, llegando casi a Hackescher Markt, ese fue el abrazo de despedida.

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CLARA AUF DEUTSCH

Clara ist Soziologin. Sie kommt aus La Plata, sie wohnt jetzt in Rostock.

Dies ist ein 5-minütiger Auszug aus dem Interview, das ich mit Clara gemacht habe. Es ist die erste von 6 Fragen, die ich ihr gestellt habe.

Was hast du dir vorgestellt, was du in Deutschland finden würdest, was ist das Wichtige für Dich an dieser Reise?

Diese Frage zu beantworten ist gar nicht so einfach. Da kommen verschiedene Dinge zusammen: Für mich ist es die dritte Reise nach Deutschland, und das hat mit einer Beziehung zu Deutschland zu tun, die schon im frühen Kindesalter anfing. Als ich zwei Jahre alt war, ging mein Vater nach Deutschland, um dort zu recherchieren. Er hat ein Jahr lang an einem Projekt gearbeitet, und in diesem Jahr schickte er uns – meinen drei Schwestern und mir, und unsere jüngste Schwester war auch schon unterwegs – Briefe, Geschenke und alle möglichen Dinge. Während meiner Kindheit war Deutschland immer der Ort, an dem mein Vater für eine bestimmte Zeit war, und später der Ort, aus dem Leute zu uns kamen. Wir wohnten in City Bell, in den achtziger und neunziger Jahren kamen viele Deutsche zu Besuch, brachten Geschenke mit, sie haben uns Kassetten mit deutschen Liedern geschickt, die wir dann gesungen haben. Mein Vater hatte ein paar typisch deutsche Gewohnheiten angenommen, solche Sachen wie sich die Schuhe auszuziehen, wenn er nach Hause kam, viele Dinge aus der deutschen Kultur brachte er mit in die Familie, und Deutschland war ein Ort, aus dem immer diese Fotos kamen, diese Leute, diese Lieder. Es war so etwas wie eine zweite Kultur, zumal wir auch ins Deutsche Institut in La Plata gingen. Wir haben Deutsch gelernt und an allen Veranstaltungen des Instituts teilgenommen. Und als ich mein Abitur gemacht hatte, bin ich dann nach Deutschland gegangen und habe dort sechs Monate in einer Familie als Au-pair-Mädchen gearbeitet. Danach habe ich mit dem Soziologiestudium angefangen. Als ich begann, deutsche Philosophen zu lesen, wurde aus dieser Kindheitserinnerung eine stärker intellektuelle Angelegenheit. Und da habe ich mich gefragt, wie es geschehen konnte, dass so viele wichtige Persönlichkeiten, so viele unglaubliche Denker, die mich immer fasziniert hatten, die von der Frankfurter Schule zum Beispiel, – wie konnte es geschehen, dass ein Land, dass diese Philosophen hervorgebracht hat, den Nationalsozialismus hervorbrachte? Diese Frage hat mich verfolgt, dieses in vieler Hinsicht so schöne Land, mit seiner Natur, mit diesen Denkern, mit diesen Dichtern, mit diesen Künstlern… immer hat mich diese Frage verfolgt, die sich, glaube ich, viele Leute stellen, auch die Deutschen selbst: Wie konnte so etwas geschehen? Diese extreme Art, wie Deutschland das 20. Jahrhundert erlebt hat, hat mich angezogen. Deutschland hat eine Revolution im 19. Jahrhundert, eine unvollendete im 20. und eine demokratische Phase erlebt, die Weimarer Republik, dann kommt der Nationalsozialismus, danach ist Deutschland geteilt, es gibt den sozialistischen Teil und den demokratischen, kapitalistischen Teil, und zuletzt das wiedervereinigte Deutschland, das wir jetzt haben. In diesem Sinne scheint es mir ein Land zu sein, welches das 20. Jahrhundert in seiner ganzen Intensität erlebt hat… alle politischen Regimes, die möglich sind. Seit ich Politikwissenschaften und Soziologie studiere, glaube ich, dass Deutschland ein Ort ist, an dem dieses 20. Jahrhundert explodiert… nicht nur, weil es hier eine große Produktivität gab, in der Philosophie, in der Politik, dieses Land ist geprägt von der Geschichte des 20. Jahrhunderts, für die ich mich immer interessiert habe. Was wollte ich finden? Das sind so Fragen… Es ist ja ein bisschen merkwürdig, warum studiert jemand, der aus Argentinien kommt, mit großer Leidenschaft deutsche Philosophie, und genau damit hat mein Thema zu tun, ich forsche über Argentinier, die wie ich ihre Begeisterung für die deutsche Philosophie entdeckt haben. Was suchten diese Philosophen hier? Weshalb begeisterten sie sich eigentlich so sehr für die Philosophie und für Deutschland? Sie haben das Land auch bereist, und ich tue das Gleiche. Hier zu studieren hat für mich den großen Vorteil, dass ich beide Seiten erlebe, ich habe überhaupt nicht das Gefühl, dass ich jetzt von Argentinien abgeschnitten wäre. Es ist kein Nachteil, sondern ein Plus für mein Arbeitsthema, dass ich hier sein kann. Mein Arbeitsthema ist nicht nur ein Arbeitsthema für mich, es ist mein Leben. Ich arbeite jeden Tag mit neuer Leidenschaft an diesem Thema.

Traducción/ Übersetzung: Uwe Schoor

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