Clara en Rostock

Clara

6 de febrero
Ibero: Bibliothek
Berlín

Como era el mediodía, salimos de la Ibero y nos fuimos rápido para el comedor universitario de un centro de estudios sociológicos que quedaba un poco más allá de la Nueva Galería Nacional. Rápidamente me sentí a gusto con ella. Recordé los meses que viví en Leipzig, comiendo casi todos los mediodías en la Mensa de la Universidad: la fila, la gente, los menús raros y el grito de feierabend! hacia el final del almuerzo –esa palabra que indica el cierre de una jornada–. El menú para ambas fue el típico alemán, redundante y obvio: salchichas con chucrut.

Clara habló con ímpetu de sus filósofos predilectos y, especialmente, de su preferido: Carlos Astrada, argentino que fue a Alemania en los años 20 a estudiar Filosofía en la ciudad de Friburgo. También mencionó a Heidegger, en relación con la cabaña que él tenía en las afueras de la ciudad y que ella pudo visitar.

“Cómo viajan las ideas –me dijo–, eso me interesa, cómo se interpretan”.


6. Februar
Ibero: Bibliothek
Berlin

Es war Mittag, so verließen wir das Ibero und beeilten uns, um rechtzeitig zum Essen in einem Institut für soziologische Studien zu sein, das ein Stückchen hinter der Neuen Nationalgalerie lag. Es dauerte nicht lange, und ich fühlte mich wohl in Claras Nähe. Ich dachte an die Monate, die ich in Leipzig verbracht hatte, wo ich fast täglich in der Universitätsmensa zu Mittag aß: die Schlange, die Leute, die merkwürdigen Menüs und der Ruf Feierabend!, mit dem das Ende der Essenausgabe angekündigt wurde. Wir wählten beide dasselbe, und wie konnte es anders sein: wieder einmal Würstchen mit Sauerkraut.

Clara hatte eine mitreißende Art, von ihren Lieblingsphilosophen zu sprechen. Insbesondere von einem: Carlos Astrada, ein Argentinier, der in den zwanziger Jahren nach Deutschland reiste und in Freiburg Philosophie studierte. Sie erwähnte auch Heidegger, dessen Hütte außerhalb der Stadt sie besuchen konnte.

„Wie die Ideen reisen“, sagte sie, „das interessiert mich, wie sie gedeutet werden.“

Übersetzung. Uwe Schoor.

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17 de febrero
Hauptbahnhof
Rostock

Al llegar a la estación central de Rostock, me compré unos fideos, estaba hambrienta –ya que solo había comido un sándwich de salame en todo el día–. Luego salimos y caminamos hasta la oficina de Clara situada en el Kolleg [colegio] dependiente de la Universidad de Rostock, donde haríamos las fotos y la entrevista. Todo tenía que ser concatenado ya que no habría mucho tiempo; al día siguiente partiríamos hacia Berlín.

La ciudad estaba vacía. La humedad y la nieve persistían, y junto con algunas cosas que pude identificar de su pasado dentro de la DDR, todo tenía un tono melancólico.

Yo quería llegar al mar, quería llegar al borde y pararme frente a ese Ostsee [Mar Báltico], así que emprendimos el viaje hacia la playa de Warnemünde. Pude ver y fotografiar desde el tren en movimiento aquel emblemático edificio de los girasoles mientras Clara me lo apuntaba con el dedo. Durante el resto del viaje hacia la playa, volvieron los pensamientos acerca de la guerra, el comunismo, la intolerancia… Y el relato de ese hecho en los 90 traía nuevamente aquel pasado hasta mi presente… Justo en ese momento, divisé el agua. Era domingo y la gente paseaba por las calles de la ciudad costera. “Esto es como Mar del Plata”, me dijo Clara. Estaban las gaviotas revoloteando, queriendo robar algo de comida; se olía el aroma del Gluhwein, el vino especiado; se ofrecían paseos en barco y también había puestos de comida; finalmente, llegamos a la playa.

Sentí un silencio y una tranquilidad inquietantes. El agua casi no se movía; en el horizonte se depositaba un poco de niebla. El escenario era tan calmo que tuve una sensación de paz y de temor al mismo tiempo. Despegué un poco la vista del horizonte, miré hacia la derecha y vi cómo suavemente se acercaba un crucero gigantesco. Clara me sacó de ese letargo. De repente giré la cabeza hacia donde ella me indicaba para encontrarme con el Hotel Neptuno. “Ahí es donde paró Fidel Castro en los años 60”, me dijo. Seguimos caminando un poco más por la playa, había mucha gente paseando por la orilla.

Clara frente al Ostsee, Rostock. Febrero 2013.


17 Februar
Hauptbahnhof
Rostock

Nach meiner Ankunft im Rostocker Hauptbahnhof kaufte ich mir eine Portion Nudeln, ich hatte Hunger: Ein Salami-Brötchen war das einzige, was ich den ganzen Tag gegessen hatte. Dann gingen wir in Claras Büro, das im Kolleg der Rostocker Universität liegt. Dort wollten wir die Fotos machen und das Interview. Es musste alles gut abgestimmt sein, denn es war nicht viel Zeit, und am nächsten Tag wollten wir in Richtung Berlin aufbrechen.

Die Stadt war menschenleer. Das Klima war feucht, es lag Schnee. Zusammen mit einigen Dingen, die ich mit der Vergangenheit in der DDR in Verbindung bringen konnte, hatte alles eine melancholische Färbung.

Ich wollte das Meer sehen, an die Küste wollte ich und vor dieser Ostsee stehen. Also fuhren wir an den Strand von Warnemünde. Aus dem fahrenden Zug konnte ich das berühmte Gebäude mit den Sonnenblumen sehen und fotografieren, während Clara mit dem Finger darauf wies. Während der Reise zum Strand kamen die Gedanken an den Krieg wieder, an den Kommunismus, die Intoleranz… Und die Geschichte von dieser Begebenheit in den neunziger Jahren brachte diese Vergangenheit wieder in meine Gegenwart… In diesem Augenblick erblickte ich das Meer. Es war Sonntag, die Leute spazierten durch die Straßen der kleinen Küstenstadt. „Das ist wie Mar del Plata“, sagte Clara. Die Möwen flatterten umher, um etwas Essbares zu stehlen; der Duft von Glühwein, dem aromatischen Getränk aus heißem Rotwein mit Gewürzen, lag in der Luft; Bootsrundfahrten wurden angeboten, und es gab Stände, an denen man etwas zu essen kaufen konnte. Schließlich gelangten wir am Strand an.

Ich spürte eine verstörende Stille und Ruhe. Das Wasser bewegte sich kaum, am Horizont erschienen kleine Nebelschwaden. Das Szenarium war so bewegungslos, dass ich ein Gefühl von Frieden und Angst zugleich hatte. Ich löste meinen Blick vom Horizont, sah nach rechts und nahm ein gigantisches Kreuzfahrtschiff wahr, das sich langsam näherte. Clara riss mich aus meiner Lethargie. Sie zeigte mit dem Finger auf das Hotel Neptun und sagte: „Dort ist Fidel Castro in den sechziger Jahren abgestiegen.“ Wir liefen noch eine Weile am Strand entlang, wo viele Leute spazieren gingen.

Übersetzung. Uwe Schoor.

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Entrevista

Doctoranda en Sociología
Universität Rostock
La Plata – Rostock / Berlín

JP: ¿Qué viniste a buscar a Alemania y qué es importante para vos de este viaje?

C: Es mi tercer viaje a Alemania y tiene que ver con una relación que empieza desde muy chica con este país. Cuando terminé el secundario, me fui a trabajar a Alemania como Au-pair-Mädchen [niñera] seis meses con una familia. Después empecé a estudiar Sociología. Y así, ese recuerdo de la infancia pasó a ser una cuestión más intelectual cuando empecé a leer filósofos alemanes. Y entonces pensaba: “cómo podía ser que tantas figuras importantes, tantos pensadores increíbles, que a mí me fascinaron siempre –como la Escuela de Frankfurt, por ejemplo–, cómo podía ser que un país que podía producir esos filósofos pudo producir el nacionalsocialismo”. Esa fue la pregunta que me persiguió, ese país tan lindo en muchos aspectos, con esa naturaleza, con esos pensadores, con esos poetas, con esos artistas… esa pregunta que, creo, la tiene mucha gente y la tienen los propios alemanes: ¿Cómo pudo suceder algo así? Después me atrajo esta manera extrema de vivir el siglo XX. Alemania vivió una parte democrática, una república de Weimar que parecía que venía bien; una revolución en el XIX; en el XX, una revolución trunca; luego, el nacionalsocialismo; después, se divide en dos: una parte socialista y una parte capitalista democrática; y ahora esta última Alemania que tenemos reunificada. Me parece un país que, en ese sentido, vivió el siglo XX intensamente… todos los regímenes políticos posibles.

Parte de lo que vine a buscar son esas preguntas.

JP: ¿Cómo se ve Argentina desde Alemania?

C: Yo formularía la pregunta así: ¿Cómo se ve Latinoamérica desde Alemania? Creo que a muchos nos pasó que descubrimos Argentina en Latinoamérica desde Alemania; es decir, nos dimos cuenta del lugar donde estamos, qué es Argentina para el resto del mundo y la ubicamos dentro de Latinoamérica –cosa que cuesta porque Argentina tiene ese mito pseudoeuropeo un poco ridículo–. Yo descubrí Argentina en el Instituto Ibero-Americano y, también, la mirada que tienen los alemanes o los europeos sobre Argentina, que es bien diferente a la que tienen los argentinos.

Vivir en Alemania me hizo ver muchas cosas positivas de Argentina; obviamente que hay que mejorar muchísimo, pero sí hay una mayor libertad y creo que eso hay que defenderlo.

En Alemania también la Universidad es gratuita, pero, como dije, hay un sistema de selección que hace que no todas las personas puedan llegar a estudiar, a pesar de que económicamente podrían costear una carrera.

Argentina expulsa y margina a muchísimas personas, pero creo que tiene un potencial muy grande si logramos sacar de la pobreza a la gente. Ha demostrado que supo integrar a muchos inmigrantes. Yo estudio justamente filósofos que eran todos hijos de inmigrantes nacidos en España o Italia –primera generación de inmigrantes– y se sentían argentinos, y eso era porque habían podido ir a estudiar Filosofía siendo hijos de zapateros italianos, como Coriolano Alberini, que fue decano de la Universidad de Buenos Aires, por ejemplo. Los filósofos que yo estudio eran hijos de inmigrantes pobres, sin cultura formal y llegaron a ser decanos o rectores de la Universidad. Eso fue algo fantástico que es más difícil que ocurra en Alemania.

JP: ¿Notás algún cambio significativo con relación a tu vida, a tu carrera o a tu personalidad?

C: Profesionalmente, sí. Es un antes y un después.

Desde Alemania ves el mundo, se estudia India, África, América Latina, Centroamérica, Norteamérica.

Eso es interesante, se tiene que observar y ver que para ser potencia hay que conocer el mundo y tener investigadores que conozcan el mundo. ¿Desde qué lugar uno lo quiere hacer? Desde el lugar del conocimiento, no para ir a dominar a nadie; sería todo lo contrario: para cooperar, para comprendernos mejor.

A nivel personal, quizá incorporé algunas costumbres alemanas –por ejemplo, cuando voy a Argentina, me llama la atención que la gente no se saca los zapatos cuando entra a las casas–. Y en el léxico incorporé muchas palabras que se usan en Latinoamérica; como tengo colegas y amigos latinoamericanos, uso un español más neutro, menos argentinismos, para que se entienda mejor.

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JP: ¿Hay algo que te haya marcado hasta el momento?, ¿algo que consideres un hito dentro de la estadía?

C: Como sabía que había habido un congreso de Filosofía en el año 49 al que habían concurrido un montón de alemanes a Argentina, pensé que si iba a los archivos en Friburgo, en el sur de Alemania –donde estaban los documentos de esos años–, tal vez encontraría algo. Y además iba en búsqueda de las huellas de Carlos Astrada que había vivido en la ciudad. Carlos Astrada fue un filósofo argentino que trabajó en Alemania en el período de entreguerras y es el filósofo más importante para mi tesis. Fue el que recepcionó a Heidegger en Argentina, fue uno de los receptores de la filosofía alemana y el que más resignificó esa filosofía, intentando hacer una filosofía nacional y popular. Yo me fasciné con su figura e ir a Friburgo en esa búsqueda de archivos era una búsqueda importante, ya que en Friburgo también vivió Heidegger; es un lugar mitológico, diría. Friburgo es el lugar más lejos en Alemania al que se puede viajar desde Rostock. Fue un viaje largo… Me hospedaron unas chicas que no conocía, iba con bastante expectativa y no sabía con qué me iba a encontrar. Finalmente ese fue un viaje de “un antes y un después”. Cambiaron muchas cosas, cambió la perspectiva de mi tesis porque en ese archivo encontré documentos, cartas y fotos de los alemanes en Argentina que habían estado en ese congreso, diarios de viaje que hablaban sobre el país y sobre el peronismo, sobre la experiencia del viaje. Fue importante no solo porque me di cuenta de que con ese material podía cambiar y tomar esa mirada alemana sobre Argentina –lo que fue un gran descubrimiento–, sino porque además se me ocurrió hacer un pequeño homenaje a Carlos Astrada y buscar la casa donde vivió el filósofo. Busqué en los archivos y descubrí que su residencia estaba a metros del lugar donde me hospedada. Entonces ese día, que era feriado, me fui con un cartel que decía Aquí vivió el filósofo Argentino Carlos Astrada a hacer justicia histórica. Los vecinos se alarmaron cuando me vieron hacer eso, pero, cuando salieron de sus casas para preguntarme y dije que era por un filósofo, me invitaron a tomar café con torta para que les contara la historia. Así que terminé hablando con todo el vecindario de Carlos Astrada. Y ese mismo día otra de las cosas que tenía planeado hacer era ir a la cabaña de Heidegger. Dudaba entre ir o no… Heidegger es un personaje bastante oscuro dentro de la historia de la Filosofía, pero me parecía que ir a su cabaña también debería ser parte de esa experiencia. Heidegger es un símbolo… incluso que él se haya querido quedar en esa cabaña en el bosque, lo que significa ese bosque, la vida campesina, lo alemán, lo romántico. No sabía si después del homenaje a Astrada debía hacer otra cosa ese día. Pero, al llegar al lugar donde me hospedaba, encontré un papelito que decía: “Si vas a la cabaña, te acompañamos” –el papel lo escribieron las dos chicas alemanas que me hospedaban, que no me conocían, pero que tenían ganas de dar un paseo ese día aunque no sabían quién era Heidegger–. En el viaje les conté que él había sido uno de los filósofos más importantes del siglo XX. Ya en la cabaña, y luego de varios periplos, apareció una señora por el camino, imaginé que era otra loca que iba a la cabaña, ya que el camino conduce solo allí. Resulta que era una amiga del nieto de Heidegger y ahí mismo apareció el nieto. Me presenté y charlé con él, me atendió muy bien y, pasado un rato, ya quería que haga traducciones de textos inéditos del filósofo… Un poco exagerado. Fue un momento muy extraño porque la familia va solo dos veces al año a la cabaña a cortar el pasto y a sacar las telarañas, y en ese mismo instante estaba yo. Sentí que había sido todo muy mágico, haber viajado hasta allá sin saber qué iba a encontrar y llevarme no solo material para la tesis, sino una experiencia de historia vivida.

JP: ¿Cómo te imaginás tu futuro? Expectativas, sueños, miedos, esperanzas.

C: Sé que lo que quiero es trabajar en el ámbito académico, científico; lo que más me gusta es la enseñanza y la investigación. La docencia, sobre todo, y el aprendizaje constante con los alumnos, ese ida y vuelta, el trabajo de archivo y seguir descubriendo nuevas huellas.

JP: ¿Te quedarías en Alemania definitivamente, como plan de vida?

C: La condición para quedarme sería poder trabajar en lo que me gusta.

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Interview

Doktorandin in Soziologie

Universität Rostock
La Plata (Provinz Buenos Aires) – Rostock / Berlin

JP: Wonach hast du gesucht auf deiner Reise nach Deutschland, was war das Wichtige für dich?

C: Es ist meine dritte Reise nach Deutschland, und sie hat etwas mit meiner Beziehung zu diesem Land zu tun, die durch die Geschichte meiner Familie in ziemlich früher Kindheit begonnen hat. Als ich die Sekundarstufe abgeschlossen hatte, bin ich dann nach Deutschland gereist, um sechs Monate bei einer Familie als Au-pair-Mädchen zu arbeiten. Danach habe ich mit dem Soziologiestudium angefangen. Und so ist aus der Kindheitserinnerung eine stärker intellektuelle Angelegenheit geworden, als ich begonnen habe, deutsche Philosophen zu lesen. Und damals habe ich mich gefragt, wie es geschehen konnte, dass so viele wichtige Persönlichkeiten, so viele unglaubliche Denker, die mich immer fasziniert hatten, wie zum Beispiel die Frankfurter Schule – wie konnte es geschehen, dass ein Land, das diese Philosophen hervorgebracht hat, auch den Nationalsozialismus hervorbrachte. Diese Frage hat mich verfolgt, dieses in vieler Hinsicht so schöne Land, mit dieser Natur, mit diesen Denkern, mit diesen Dichtern, mit diesen Künstlern… immer hat mich diese Frage verfolgt, die sich, glaube ich, viele Leute stellen, auch die Deutschen selbst. Wie konnte so etwas geschehen? Dann hat mich diese extreme Art, das 20. Jahrhundert zu erleben, interessiert. Deutschland erlebte eine demokratische Phase, eine Weimarer Republik, die auf einem guten Weg zu sein schien, eine Revolution im 19. Jahrhundert, eine unvollendete im 20., dann kommt der Nationalsozialismus, Deutschland wird zweigeteilt, ein sozialistischer Teil und ein demokratischer kapitalistischer Teil, und jetzt dieses letzte Deutschland, das wiedervereinigte. In diesem Sinne scheint es mir ein Land zu sein, welches das 20. Jahrhundert intensiv erlebt hat… alle politischen Regimes, die möglich sind.

Ein Teil dessen, wonach ich hier gesucht habe, sind diese Fragen.

JP: Wie sieht man Argentinien von Deutschland aus?

C: Ich würde die Frage so stellen: Wie sieht man Lateinamerika von Deutschland aus? Vielen von uns ging es, glaube ich, so, dass wir Argentinien von Deutschland aus in Lateinamerika entdeckten. Das heißt, wir wurden uns über den Ort klar, an dem wir uns befinden, und darüber, was Argentinien für den Rest der Welt ist, und wir verorteten das Land in Lateinamerika – was nicht ganz einfach ist, da Argentinien diesen etwas lächerlichen pseudo-europäischen Mythos pflegt. Ich habe Argentinien im Ibero-Amerikanischen Institut entdeckt, und auch die Sicht, welche die Deutschen oder Europäer auf Argentinien haben, die ganz anders ist als die der Argentinier.

Durch das Leben in Deutschland habe ich viele positive Seiten Argentiniens entdeckt. Natürlich muss enorm viel verbessert werden, aber ich glaube, dass es in Argentinien mehr Freiheit gibt, und ich glaube, das muss verteidigt werden.

Auch in Deutschland ist der Besuch der Universität kostenlos. Es gibt aber ein Auswahlsystem, welches verhindert, dass alle, die studieren möchten, es auch tun, obwohl sie es sich finanziell leisten könnten.

Argentinien schließt sehr viele Menschen aus und marginalisiert sie, aber ich glaube, dass das Land ein sehr großes Potential hat, wenn es uns gelingt, die Leute aus der Armut herauszuführen. Es hat gezeigt, dass es fähig ist, viele Immigranten zu integrieren. Gegenstand meiner Forschung sind gerade jene Philosophen, die Kinder von in Spanien oder Italien geborenen Immigranten waren, die erste Generation von Immigranten, und sich als Argentinier fühlten. Das geschah, weil sie Philosophie studieren konnten, obwohl sie Kinder italienischer Schuster waren, wie zum Beispiel Coriolano Alberini, der einer der Dekane der Universität Buenos Aires wurde. Diese Philosophen, über die ich forsche, waren Kinder armer Immigranten, ohne formale Bildung, und sie haben es zum Dekan oder Rektor der Universität gebracht. Das war etwas Phantastisches, was in Deutschland nur schwer möglich wäre.

JP: Bemerkst du irgendeine bedeutende Veränderung in Bezug auf dein Leben, dein Studium oder dich als Person?

C: Was das Berufliche betrifft, auf jeden Fall. Es ist eine Zäsur.

Von Deutschland aus siehst du die Welt, hier forscht man über Indien, Afrika, Latein-, Mittel- und Nordamerika.

Das ist interessant, man muss beachten, dass ein leistungsfähiges Land die Welt kennen und über Wissenschaftler verfügen muss, welche die Welt kennen. Von welchem Standpunkt aus will man das tun? Von der Basis des Wissens aus, nicht mit dem Ziel, andere zu beherrschen. Eher ist das Gegenteil der Fall: Das Ziel ist Kooperation, ein besseres gegenseitiges Verständnis.

Was das Persönliche angeht, vielleicht habe ich einige deutsche Gewohnheiten angenommen. Wenn ich nach Argentinien reise, wundere ich mich darüber, dass die Leute ihre Schuhe nicht ausziehen, wenn sie eine Wohnung betreten. Außerdem habe ich viele Ausdrücke in meinen Wortschatz übernommen, die in Lateinamerika benutzt werden. Da ich lateinamerikanische Kollegen und Freunde habe, verwende ich ein neutraleres Spanisch, weniger Argentinismen, damit man mich besser versteht.

JP: Gibt es etwas, das dich bis zum heutigen Tag geprägt hat, etwas wie einen Meilenstein deines Aufenthalts?

C: Ich wusste von einem Philosophenkongress, zu dem im Jahre 1949 eine große Anzahl von Deutschen nach Argentinien gereist war. Ich dachte, wenn ich nach Freiburg reisen würde, wo die Dokumente dieser Jahre aufbewahrt werden, könnte ich vielleicht etwas finden. Außerdem war ich auf der Suche nach Spuren des argentinischen Philosophen Carlos Astrada, der in dieser Stadt gelebt hatte. Er hatte in der Zwischenkriegszeit in Deutschland gearbeitet und ist der wichtigste Philosoph in meiner Dissertation. Mit ihm begann die Rezeption Heideggers in Argentinien. Er war wichtig für die Rezeption der deutschen Philosophie überhaupt, und er hat auch den Versuch unternommen, sie neu zu deuten und mit ihrer Hilfe eine allgemeinverständliche argentinische Philosophie zu schaffen. Ich war fasziniert von dieser Gestalt, und nach Freiburg zu fahren, um dort im Archiv zu arbeiten, war ein wichtiger Teil meiner Forschungen: Auch Heidegger hatte in dieser Stadt gelebt, sie war in gewisser Weise ein mythologischer Ort. Freiburg ist das entfernteste Reiseziel in Deutschland, zu dem man aus Rostock fahren kann. Es wurde eine lange Fahrt… Ich wohnte bei zwei jungen Frauen, die ich nicht kannte, hatte ziemlich große Erwartungen und wusste nicht, was mir begegnen würde. Schließlich erwies sich diese Reise als Zäsur. Viele Dinge änderten sich, auch die Perspektive meiner Dissertation: In den Archivbeständen habe ich Dokumente, Korrespondenz und Fotos der Deutschen gefunden, die an diesem Kongress in Argentinien teilgenommen hatten, Reisetagebücher, in denen Eindrücke vom Land, vom Peronismus und über die Erfahrung der Reise festgehalten waren. Das war wichtig, weil ich bemerkt habe – und das war eine große Entdeckung –, dass sich mit diesem Material meine Perspektive verändern und ich die deutsche Sicht auf Argentinien einbeziehen konnte. Die Dokumente brachten mich außerdem auf die Idee, eine kleine Hommage für Carlos Astrada zu veranstalten. Beim Studium der Archivmaterialien fand ich heraus, dass er wenige Meter von dem Haus gelebt hatte, an dem ich untergebracht war. Es war ein Feiertag, und so ging ich um der historischen Gerechtigkeit willen mit einem Schild auf die Straße, das die Aufschrift Hier lebte der argentinische Philosoph Carlos Astrada trug. Die Anwohner waren beunruhigt, doch als sie aus ihren Häusern kamen und mich fragten, was ich da tat, und ich ihnen antwortete, es ginge um einen Philosophen, luden sie mich zu Kaffee und Kuchen ein, damit ich ihnen die Geschichte erzählte. So sprach ich mit der gesamten Nachbarschaft von Carlos Astrada. Am selben Tag hatte ich auch einen Ausflug zu Heideggers Hütte geplant. Ich schwankte zwischen Fahren und Nichtfahren… Heidegger ist eine ziemlich dunkle Gestalt in der Philosophiegeschichte, aber es schien mir, dass seine Hütte zu besuchen auch Teil dieses Erlebnisses sein sollte. Heidegger ist ein Symbol… Sogar seine Entscheidung, in dieser Hütte im Wald hausen zu wollen, das, was dieser Wald bedeutete, das Leben auf dem Lande, das Deutsche, das Romantische. Ich wusste nicht, ob ich nach der Hommage für Astrada noch etwas anderes an diesem Tag unternehmen sollte. Doch als ich in die Wohnung zurückkam, in der ich untergebracht war, fand ich ein Zettelchen: „Wenn du zu der Hütte fährst, kommen wir mit“. Die beiden Frauen, bei denen ich wohnte, hatten es geschrieben, zwei Deutsche, die mich nicht kannten, nicht wussten, wer Heidegger war, aber Lust auf einen Ausflug hatten. Unterwegs erzählte ich ihnen, dass Heidegger einer der wichtigsten Philosophen des 20. Jahrhunderts war. Als wir angekommen waren und schon einige Runden gelaufen waren, erschien eine Dame auf dem Weg. Noch so eine Verrückte, dachte ich, denn der Weg führte nur zu der Hütte. Wie sich herausstellte, war sie eine Freundin von Heideggers Enkel, der im selben Augenblick erschien. Ich stellte mich vor und unterhielt mich mit ihm. Er war sehr freundlich, und nach kurzer Zeit wollte er schon, dass ich unveröffentlichte Texte des Philosophen übersetzte… Ein bisschen übertrieben. Es war überhaupt ein sehr merkwürdiger Moment, denn die Familie kommt nur zweimal im Jahr in die Hütte, um den Rasen zu mähen und die Spinnweben zu entfernen. Und ausgerechnet an einem dieser Tage war auch ich dort. All das hatte etwas Magisches an sich. Dorthin gefahren zu sein, ohne zu wissen, was ich finden würde, und dann nicht nur Material für meine Dissertation, sondern auch eine Erfahrung von erlebter Geschichte mitnehmen zu können.

JP: Wie stellst du dir deine Zukunft vor? Was sind deine Erwartungen, Träume, Ängste, Hoffnungen?

C: Ich weiß, dass ich im akademischen, im wissenschaftlichen Feld arbeiten will. Am meisten reizen mich Lehre und Forschung. Vor allem die Arbeit als Dozentin, das ständige Lernen mit den Studenten, das Hin und Her, die Arbeit im Archiv und das Entdecken neuer Spuren.

JP: Würdest du endgültig in Deutschland bleiben, als Lebensentscheidung?

C: Die Bedingung für das Hierbleiben wäre, dass ich an etwas arbeiten kann, was mir gefällt.

Übersetzung. Uwe Schoor.

3 comentarios en “Clara en Rostock”

  1. Me encanto tu amiga llegando al mar báltico dijo, se parece a mar del plata me recordó a mi viejo que estando en Europa comparaba todo con MDQ

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