Lucía y Ale

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18 de febrero
Suarezstraße
Charlottenburg

Ese día me levanté y salí a desayunar al Bäckerei shop sobre la Kastanienallee. Era mi lugar favorito para ir por la mañana, justo frente a la parada del Tram. Entraba y salía gente a comprar café, y me gustaba trabajar un rato ahí con los turcos hablando, envuelta en ese murmullo de una lengua inentendible para mí.

Empecé a planificar mis últimos días allí. Ese día me esperaban Ale y Lucía, una pareja de becarios que vivían en Charlottenburg. Observé el mapa y vi que tenía que hacer varias combinaciones para llegar desde Mitte, así que me apuré un poco, agarré el café y me subí al Tram que venía. Hice varias combinaciones hasta arribar a la estación de subte de la Sophie-Charlotte Platz; luego, caminé hacia el departamento de la pareja. Al llegar, empezamos a charlar los tres. Lucía estaba haciendo su doctorado en Filosofía; su base era Bremen, pero iba y venía, ya que habían decidido instalarse en Berlín. Alejandro, geólogo, había estado viajando por el mundo hasta que coincidieron para quedarse un tiempo en Alemania. El departamento era tranquilo; me ofrecieron té mientras yo sacaba los retratos y les hacía las preguntas.

Como me hallaba en el oeste de la ciudad, ya había visto previamente en el mapa que estaba cerca del hogar donde residía mi Oma. Mi abuela estaba allí hacía unos tres años. Había decidido volver a Alemania en la vejez, después de haber vivido su vida en Argentina –donde había llegado a los diez años con sus padres, escapando del nazismo–. Tenía anotada la dirección en el cuaderno: “Teplitzer Str. 10, hablar con Frau Schrott”.

En el viaje de regreso me senté en el bus y, sin despegar la cabeza de la ventana, dejé que me llevara a destino. Solo miraba el paisaje y la tormenta de nieve que había afuera. Sabía que ya no vería más a la Oma. Sentía una profunda tristeza, ella había sido una gran inspiración para mí. De ahí en más, la extrañaría siempre.

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18 Februar
Suarezstraße
Charlottenburg

An diesem Tag frühstückte ich im Bäckerei shop in der Kastanienallee. Das war mein Lieblingsort für den Morgen, gleich neben der Tram-Haltestelle. Leute kamen und gingen, kauften Kaffee, und ich arbeitete gern eine Weile dort, wo die Türken miteinander sprachen und ich eingehüllt war in das Murmeln einer mir unverständlichen Sprache.

Ich begann die letzten Tage meines Aufenthalts zu planen. An diesem Tag warteten Ale und Lucía auf mich, ein Paar, beide Stipendiaten, die in Charlottenburg lebten. Ein Blick auf die Karte zeigte mir, dass es keine direkte Fahrt zu meinem Ziel gab, also beeilte ich mich, nahm den Kaffee mit und stieg in die Tram, die gerade kam. Nach mehrmaligem Umsteigen kam ich auf der U-Bahn-Station Sophie-Charlotte-Platz an, und von dort ging ich zu Fuß bis zur Wohnung, in der die beiden lebten. Wir führten das Gespräch zu dritt. Lucía schrieb an ihrer Dissertation in Philosophie, eigentlich in Bremen, aber sie pendelte. Alejandro, ein Geologe, war durch die Welt gereist, bis sie sich beide für eine gemeinsame Zeit in Berlin entschieden. Die Wohnung war ruhig, sie boten mir Tee an, und ich machte die Porträtfotos und stellte meine Fragen.

Da ich im Westen der Stadt war, hatte ich vorher schon auf dem Stadtplan gesehen, dass ich mich in der Nähe des Heims befand, wo seit ungefähr drei Jahren meine Oma lebte. Als Zehnjährige war sie mit ihren Eltern nach Argentinien gekommen, auf der Flucht vor den Nazis. Sie hatte sich dafür entschieden, ihren Lebensabend wieder in Deutschland zu verbringen. In meinem Heft hatte ich die Anschrift notiert: „Teplitzer Str. 10, nach Frau Schrott fragen.“

Auf der Rückfahrt setzte ich mich in den Bus, und ohne den Blick vom Fenster abzuwenden, ließ ich mich an mein Ziel bringen. Ich sah nur die Stadtlandschaft an mir vorüberziehen und den Schneesturm toben. Ich wusste, dass ich Oma nicht wiedersehen würde. Ich fühlte eine tiefe Traurigkeit. Wie viele Anregungen verdankte ich ihr. Von nun an würde ich sie immer vermissen.

Übersetzung. Uwe Schoor.

Ale


Entrevista

Lucía
doctoranda en Filosofía
Universität Bremen

Alejandro
Universität Potsdam
Ciudad de Buenos Aires – Berlín

JP: ¿Qué viniste a buscar a Alemania y qué es importante para vos de este viaje?

Ale: Varias cosas, pero buscaba otro tipo de vida, probar cómo me podía encontrar en una sociedad que es diferente. 

Lucía: Siempre pensé que podía aprender de una experiencia así, estar afuera, sin amigos, sin familia, sin los símbolos que entiendo y las estructuras que conozco. Vivir en otro contexto y adaptarme.

JP: ¿Cómo se ve Argentina desde Alemania?

Ale: Creo que, cuando estás viviendo afuera, la percepción es que no es todo tan malo como sentís al estar allá. 

Lucía: Creo que desde acá Argentina se ve bien, se ve mejor que estando allá. Me fue posible detectar cuáles son los problemas que, creo, tenemos que resolver para estar mejor. Estando inmersa, todo está mal, pero desde afuera se puede distinguir mejor y son cosas resolubles.

JP: ¿Notás algún cambio significativo con relación a tu vida, a tu carrera o a tu personalidad?

Ale: Haber vivido en diferentes sociedades me dio la posibilidad de ver que hay otras perspectivas, distintas formas de abordar el mismo problema, que sirven también para poder entender a la gente y relacionarme con el otro.

Lucía: En lo personal, sí, porque estar acá implicó una suerte de independencia y de fortaleza.

JP: ¿Hay algo que te haya marcado hasta el momento?, ¿algo que consideres un hito dentro de la estadía?

Ale: Por mi trabajo estuve en Kirguistán, que es un país con una cultura totalmente diferente a todas las que conocí. ¡Gente tan diferente…! No son occidentales –es decir, algo totalmente contrario a nuestra cultura–, son musulmanes, tuvieron un régimen soviético impuesto y tienen otra formación cultural de base. En general, cuando voy al campo, lo que hago es subir montañas y sacar muestras. Una vez, allá en Kirguistán, había solamente dos caballos disponibles, entonces fui yo con un kirguís. Teníamos que pasar el día, subir la montaña y bajar. Yo no hablo ni kirguís ni ruso, así que la comunicación estaba complicada. Estuvimos todo el día juntos sin hablar y, cuando estábamos volviendo, él se pasó todo el regreso cantando, silbando una melodía kirguís. Y de pronto, no sé cómo, interpreté que me pedía que le cantara algo de Argentina. Y eso es muy parecido a lo que pasa en el campo en nuestro país: la gente, cuando va a caballo, canta, silba, ese es el folclore. En ese momento se me presentó algo muy humano… gente que está en Kirguistán, en un país muy lejos del nuestro, con otra base cultural, pero al final hay un punto de conexión con la música que es el mismo, en una montaña en Kirguistán o en un campo argentino.

Lucía: La sorpresa de estar en las bibliotecas de las universidades, ese ambiente tan predispuesto hacia los estudiantes, tan organizado, cómodo, con tanta bibliografía. Otra cosa que me marcó fue el primer invierno.

JP: ¿Cómo te imaginás tu futuro? Expectativas, sueños, miedos, esperanzas.

Ale: Me lo imagino en Argentina. Lo que hace esta experiencia es mejorar mi futuro. Sea cual sea, me parece que va a ser mejor del que sería si me hubiese quedado en Argentina. 

Lucía: El futuro me lo imagino en Argentina.

JP: ¿Te quedarías en Alemania definitivamente, como plan de vida?

Ale: Si realmente quisiera plantearme una vida en Alemania, tendría que dejar de lado un montón de cosas que no estaría dispuesto a resignar.

Lucía: Me gustaría mucho ir y venir. Me gusta Alemania, me siento muy bien acá y me gustaría seguir viniendo. 


Interview

Lucía
Doktorandin in Philosophie
Universität Bremen

Alejandro
Doktorand in Geologie
Universität Potsdam
Buenos Aires – Berlin

JP: Was hast du dir vorgestellt, was du in Deutschland finden würdest, was ist das Wichtige für dich an dieser Reise?

Ale: Das waren verschiedene Dinge, aber gesucht habe ich nach einer anderen Art zu leben. Ich wollte ausprobieren, wie ich mich in einer anderen Gesellschaft zurechtfinden würde.

Lucía: Ich habe immer gedacht, dass ich durch eine solche Erfahrung lernen kann: draußen sein, ohne Freunde und Familie, ohne die Zeichen, die ich verstehe, und außerhalb der Strukturen, die ich kenne. In einem anderen Kontext leben und mich integrieren.

JP: Wie sieht man Argentinien von Deutschland aus?

Ale: Ich glaube, wenn du anderswo lebst, ist die Wahrnehmung nicht ganz so schlimm im Vergleich zu dem, was du fühlst, wenn du dort bist. 

Lucía: Ich glaube, von hier bewertet man das Land positiver als aus der Nähe. Von hier aus konnte ich erkennen, welche Probleme wir in Argentinien lösen müssen, damit es uns besser geht. Wenn man mittendrin steckt, ist alles schlecht, aber von draußen kann man differenzieren und sehen, dass es sich um lösbare Probleme handelt.

JP: Bemerkst du irgendeine bedeutende Veränderung in Bezug auf dein Leben, dein Studium oder dich als Person?

Ale: Das Leben in unterschiedlichen Gesellschaften hat mir die Möglichkeit gegeben zu sehen, dass es andere Perspektiven gibt, unterschiedliche Formen, dasselbe Problem anzugehen, die auch dabei helfen, die Leute zu verstehen und mich mit dem Anderen in Beziehung zu setzen.

Lucía: Im Persönlichen, ja, denn zum Hiersein gehört eine Art von Unabhängigkeit und Stärke. 

JP: Gibt es etwas, das dich bis zum heutigen Tag geprägt hat, etwas wie einen Meilenstein deines Aufenthalts?

Ale: Im Zusammenhang mit meiner Arbeit war ich in Kirgisien, einem Land, dessen Kultur völlig anders ist als alle anderen Kulturen, die ich kennengelernt habe. Ganz andere Menschen! Sie gehören nicht zur westlichen Kultur, sind der unseren also völlig entgegengesetzt. Die Einwohner sind Muslime, haben unter einem aufgezwungenen Sowjetsystem gelebt, und ihr Leben hat eine andere kulturelle Grundlage. Im Rahmen meiner Arbeit bin ich oft im Freien, wo ich Berge besteige und Gesteinsproben entnehme. Einmal hatten wir dort in Kirgisien nur zwei Pferde zur Verfügung, so dass ich mich zusammen mit einem Kirgisen auf den Weg machte. Wir verbrachten den Tag zusammen, bestiegen den Berg und kehrten zurück. Ich spreche weder Kirgisisch noch Russisch, so dass die Verständigung ziemlich schwierig war. Den ganzen Tag waren wir zusammen und sprachen nicht. Auf dem Rückweg sang und pfiff er unablässig eine kirgisische Melodie. Und plötzlich, ich hätte nicht sagen können wieso, verstand ich ihn so, dass ich etwas Argentinisches singen sollte. Etwas ganz Ähnliches geschieht bei uns auf dem Lande: Wenn die Leute auf dem Pferd sitzen, singen und pfeifen sie, das ist die Folklore. In diesem Moment nahm ich etwas sehr Menschliches wahr… Leute, die in Kirgisien sind, sehr weit entfernt von Argentinien, mit einer anderen kulturellen Basis – und trotzdem gibt es schließlich einen Berührungspunkt: die Musik, egal ob in einem kirgisischen Gebirge oder auf dem Lande in Argentinien.

Lucía: Für mich war es ein großes Erlebnis, die Universitätsbibliotheken kennenzulernen. Alles ist auf die Bedürfnisse der Studenten abgestimmt, so gut organisiert, bequem, mit den großen Beständen an Fachliteratur. Ein anderes einschneidendes Erlebnis war der erste Winter.

JP: Wie stellst du dir deine Zukunft vor? Was sind deine Erwartungen, Träume, Ängste, Hoffnungen?

Ale: Meine Zukunft stelle ich mir in Argentinien vor. Was ich hier erlebt habe, verbessert meine Zukunftschancen. Was immer es auch für eine Zukunft sein wird, mir scheint, sie wird besser sein als wenn ich in Argentinien geblieben wäre.

Lucía: Die Zukunft stelle ich mir in Argentinien vor.

JP: Würdest du endgültig in Deutschland bleiben, als Lebensentscheidung?

Ale: Wenn ich mir wirklich ein Leben in Deutschland aufbauen wollte, würde ich auf viele Dinge verzichten müssen, die ich nicht aufgeben möchte.

Lucía: Ich mag das Pendeln sehr. Deutschland gefällt mir, ich fühle mich sehr gut hier und ich würde gern immer wieder hierherkommen. 

Übersetzung. Uwe Schoor.

Lucia

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