enero 3, 2017

J

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enero 3, 2017

El contador de historias

Dice John Berger:

Si uno quiere contar una historia, lo que se hace es escuchar a la gente. El contador de historias es ante todo uno que escucha, y lo que busca son historias que cuentan los demás, normalmente sobre su vida o sobre la vida de sus amigos.

marzo 17, 2015

Damián

Damián frente a la Schiller Uni Jena. Febrero 2013.

Damián

Nota: Damián no accedió a la publicación de su entrevista online, por lo que decido dejar el espacio en blanco de lo que ocuparían sus respuestas.

¿Qué viniste a buscar a Alemania y que es importante para vos de este viaje?

¿Cómo se ve Argentina desde Alemania?

¿Notás algún cambio significativo, en relación a tu vida, a tu carrera o tu personalidad?

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¿Hay algo que te haya marcado hasta el momento?, ¿Algo que consideres un hito dentro de la estadía?

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Biblioteca

¿Cómo te imaginás tu futuro? Expectativas, sueños, miedos, esperanzas.

¿Te quedarías en Alemania definitivamente? ¿Como plan de vida?

Uni

marzo 17, 2015

Con Damián en Jena

Lobeda

14 de Febrero de 2013

Tomé el tren desde Karlsruhe con destino a Jena, el viaje tardaría 4 horas. El paisaje desde el tren fue de los más lindos, un campo absolutamente blanco y ya entrado en las montañas. Cuando llegué a Jena me pareció un pueblo como los de los cuentos. Llegué al Hostel, no había nadie por ningún lado y me sentí un poco extraña. Llamé al dueño al teléfono que tenía anotado y me dijo que estaría ahí en 10 min. El lobby estaba totalmente desierto, algo que siempre me inquietó en Alemania, el silencio y el ¿dónde están todos?. Llegó el dueño y me mostró las instalaciones, dijo que me daría un cuarto doble o extra grande, le agradecí porque no había pagado por eso. Después me llevó a su oficina donde había muchísimos papeles pegados en la pared, me sentó a su lado de la computadora y me mostró todo lo que “debía” ver en Jena y Weimar y me dijo: Weimar es una de las ciudades más culturales del mundo y también una de las más oscuras por su historia nazi. Le dije que me interesaban las dos, que tenía planeado visitar la Bauhaus, su museo y la casa de Goethe. Me dijo que tenía que ver las dos facetas de estas ciudades hermanas, que estaba bien la Bauhaus y Goethe, pero que no podía dejar de ir a Buchenbald, el campo de concentración de la segunda guerra que se encontraba a unos 15 min de Weimar. Me corrió un frío por el cuerpo, mientras el hombre me explicaba como sacar los tickets para llegar hasta ahí. Me sentía helada, y encima me quedaba el resfrío.

Ese jueves amanecí temprano. Había quedado en encontrarme con Damián a las 10 de la mañana, me dijo que me pasaría a buscar. Estaba ansiosa por pasear por Jena, así que me levanté temprano, ordené un poco mis cosas, desayuné y salí con la cámara un rato antes de que fueran las 10. Volví y me quedé en la puerta esperando a Damián. Mientras, en la escuela de danza que estaba abajo del hostel, vi a unas 10 mujeres haciendo gimnasia con sus bebés a cuestas, miré el folleto que decía: Kangatanz, la danza del canguro. Madres y bebés se balanceaban al ritmo de la música, no podía entender muy bien de que iba la clase, algunos bebés estaban dormidos, y otros miraban para todos lados. Creo que después de unos minutos las mujeres se sintieron incómodas con mi mirada, y como todavía quedaban unos 10 min. así que decidí subir. Ahí me quedé charlando con la señora que limpiaba las habitaciones y al verme pispear en una de ellas, me invitó a recorrer las que estaban abiertas. Todas tenían una vista desde donde se podían ver los techos blancos de Jena. Fue cuando estaba abstraída y subida a esos techos que apareció por el ascensor Damián, preguntando por mi. Bajamos y emprendimos camino al centro.

Damián me contó sobre su proyecto, habló de Napoleón, de la batalla de Jena, de la revolución francesa, de Hegel que eran los temas de su trabajo y también enumeró algunas de las razones por las cuales estaba en Alemania. Me dijo que podía ser un buen paseo subir al Landgrafenberg, donde estaba la piedra de Napoleón que marcaba el lugar de la batalla. Era un camino duro, pero que valía la pena. En ese momento me imaginé subiendo el camino, con frío y sola, medio resfriada y definitivamente dije que me encantaría, pero no podría hacerlo. Fuimos a comer al comedor de la universidad, la famosa mensa una vez más, y después nos tomamos un café en un bar, donde le hice la entrevista. El bar estaba copado por unos italianos que hablaban fuerte, Damián los saludó y se quedó charlando con ellos un rato. En la entrevista habló sobre su relación con la ciudad, la vida universitaria, las cosas que le parecían llamativas de la sociedad alemana, la relación de los individuos con el trabajo, algo que definitivamente también siempre me llamó la atención: como en su mayoría, las personas en Alemania cumplen su función laboral sabiendo que son imprescindibles para el sistema o engranaje social. Como si hubiera una especie de orgullo en ocupar esos puestos, algo que en Argentina es difícil de encontrar. Damián lo explicó de otro modo, mucho más extenso y desde un lugar más académico que me sería difícil traducir, pero me resultó interesante escuchar algo que percibía y él puso en palabras de una manera formal.

Mientras sacaba las fotos del lugar se me cayó la cámara, pensé que ya no funcionaría y a partir de ahí mi cabeza se fue con la cámara. Damián me acompaño hasta una casa de fotografía donde quizá la revisarían. Hacia el final del encuentro me recomendó que fuera a Lobeda en las afueras, donde se encontraba una ciudad soviética construida durante la RDA. En ese momento nos despedimos, Damián se excusó, tenía que volver a trabajar. Después de hablar un buen rato con el señor de la casa de fotografía, descubrió que la cámara estaba bien. Emprendí viaje hacia Lobeda. Desde el tranvía el paisaje se iba transformando, de casas bajas y parques a construcciones gigantes. Cuando bajé me sentí perdida, el frío y el espacio me abrumaron. Di unas vueltas y saqué algunas fotos como pude y la falta de un café a la vista me desanimó. Le pregunté a la única persona que vi caminando por ahí, y me dijo que allí no había ningún café, solo edificios gigantes. Decidí volverme.

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agosto 5, 2014

Julia

Julia

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¿Qué viniste a buscar a Alemania y que es importante para vos de este viaje?

Muchas cosas, había venido en el 2006 a Alemania por primera vez sola. No hablaba inglés, estuve 3 días sin conocer a nadie y era pleno invierno, febrero… y soy muy friolenta. No llegué ni siquiera a la parte interesante de Berlín, fui a muchos museos, pero no estuve en Kreuzberg, que es ahora mi barrio. Me acuerdo que había algo en la ciudad, que hizo que fuera la que más me atrajo. Por el uso del espacio en los museos… y por una energía oculta, que creo que también está en Buenos Aires.  Algo pasa, pero no está tan abierto, la gente hace cosas, pero no es tan obvio qué y dónde. Por un lado me trajo el amor y por otro lado mi trabajo. Berlín es la ciudad más occidental que tuvo una experiencia socialista, la parte cercana para palpar lo que quedó de esa experiencia. Vine tras los pasos de mi abuelo que había estado en estas ciudades. A través de su misma cámara, pude verlas un poco como él las había visto, mirar por el mismo lente lo que él vio, y a través de él ver los cambios, los árboles más altos o los edificio que ya no estaban.
La postal de Julia. Marzo 2013.

Otra cosa que generó el estar acá, es mirar las cosas distinto, tener que volver a redefinir un montón de ideas. Cuando hablás de trabajador en Argentina, por ejemplo, creo que todos sabemos lo que es un trabajador… somos todos trabajadores. Pero acá esa idea es distinta: un trabajador es el tipo que te arregla el baño y un artista no es un trabajador, no es un Arbeiter. Volver a definir eso, hablar mil veces de qué es el peronismo o explicar qué pasa con las Islas Malvinas. Hay un montón de ideas que en tu país están dadas por sentado, no hay que explicarlas, todos tenemos más o menos el mismo imaginario colectivo, y acá se te desarma completamente, tenés que repensar… cosas en las que nunca habías pensado, porque no lo habías necesitado.

Cómo se ve Argentina desde Alemania

Se ve muy linda… y se extraña. Se ve con mucho más movimiento. Berlín tiene mucho movimiento y  mucha energía, pero hay algo que siempre falta en Berlín… es cultural, es la distancia que hay entre la gente.
Se ve lejos también.

Archivo

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¿Notás algún cambio significativo, en relación a tu vida, a tu carrera o tu personalidad?

Sí, todo cambia mucho. La manera de trabajar cambia, estar en Europa significó tener mucho más tiempo para trabajar y eso hace que la práctica cambie. Por otro lado sos más impune, por ejemplo al hablar de la historia alemana, porque no es la tuya y eso lo disfruto bastante. También me pasa que el proyecto relacionado con mi familia, me es más difícil desarrollarlo en Argentina que acá. En Argentina es mucho más complicado elegir el qué decir y cómo decirlo. La distancia con mi familia e historia allá no existe, acá al mirar con ojos muy ajenos, a veces se tiene más libertad.
Cuando vivo en Alemania, Julia baja… empezás a hablar más bajo, no abrazas tan fuerte a todo el mundo, y tomás más distancia, no saludás a todo el mundo con un beso. Bajo la energía, sale naturalmente porque son las reglas del juego, y sí, hay que bajar un cambio.
Todo el tiempo la gente está cuidando el espacio del otro y eso es molesto a veces. Extraño en el colectivo o en el subte, que a veces uno se mira a los ojos con la gente. Ayer estaba en el colectivo, había un hombre enfrente mío que claramente era inmigrante y viajaba con sus dos hijas. Una de las nenas quería estar con su papá, no quería sentarse sola, era muy linda la situación… y le di un caramelo. Creo que eso acá no pasa tanto, es un gesto raro. Es la mirada y no tener miedo de encontrarse con el otro en la calle. Nosotros nos encontramos demasiado, porque nos peleamos, nos insultamos con desconocidos, pero eso me gusta también, y se extraña.
También hace unos días estaba yendo en el colectivo y había una pareja de 70 u 80 años. Me miré con el hombre a los ojos y el tipo me dijo: Entschuldigung

Yo siempre tuve el problema del saludo, de no saber cómo saludar, porque aparentemente existen distintos saludos para distintas situaciones, y nunca se muy bien cómo hacerlo.

Claro, te pasa con amigos, que quizá un día lo abrazas y al otro día nada, te saluda con un tschüsss y se van.
No es mala onda, es así, y uno, como argentino, se queda pensando, cómo ¿y el beso?

 ¿Hay algo que te haya marcado hasta el momento?, ¿Algo que consideres un hito dentro de la estadía?

Depende desde que punto de vista, si es desde el trabajo o desde lo personal… Uno de los proyectos que trabajé tiene que ver con un Museo que cerró en 1991, después de la Reunificación. La que fue su directora continúa viviendo en Leipzig y busqué incansablemente conocerla.  En el 2008 cuando intenté contactarla, ella le respondió a nuestra intermediaria del Museo de Historia: ¿Si no saben en Argentina que el muro se cayó en el 89′? Después de un tiempo volví a intentar contactarla por diferentes medios, hasta que ella me envió una carta sin remitente, donde dice que no está lista para hablar de esa historia, que es muy crítica con muchas de las cosas que pasaron durante la DDR, pero que también tiene muy buenos recuerdos. Me aclara que no quiere ser parte de ninguna interpretación, de ningún trabajo artístico que tenga que ver con ese período… y termina firmando algo como: con esperanza en la vida. Esta mujer cuando cae el muro estaba en la plenitud de su carrera, tendría cincuenta y pico de años. No estaba en el Stasi… era la directora de un museo. Para mi familia el comunismo siempre fue el ideal, la  panacea… claramente no lo era.  Pero pienso en lo drástico que fue el cambio a otro sistema, en qué pasó con toda la gente que vivió ese proceso.

Contratapa del Diario que contiene parte del proyecto de Julia

¿Cómo te imaginás tu futuro? Expectativas, sueños, miedos, esperanzas.

Utopía: tener un departamento grande, con taller en Buenos Aires y otro en Berlín. Poder ir y venir cómodamente y trabajar tranquila. Y real: hay miedos porque el nomadismo es cansador, y como somos dos, siempre uno va a perder.

¿Te quedarías en Alemania definitivamente? ¿Cómo plan de vida?

En Berlín no. No quiero quedarme. Quiero vivir también en Buenos Aires… me gusta trabajar acá, pero no me puedo imaginar el resto de mi vida en Alemania para nada. Soy Argentina y me gusta el país y quiero trabajar en él, para poder hablar de mi contexto, y no solo del alemán. Mi trabajo tiene mucho que ver con el contexto en el que estoy, con la política, la historia, y es un intento de crear espacios para pensar el presente. Y me hago muchas preguntas: estoy acá en Alemania y me meto con la historia de los alemanes, pero ¿qué es lo que me mueve más? y ¿dónde están mis necesidades importantes de decir, de conocer? Por eso sí quiero seguir trabajando en Argentina.

agosto 5, 2014

Con Julia en Berlín

Kreuzberg

 

7 de febrero de 2013

El día empezó en Postdamer Platz. Ese lugar extraño de la ciudad, en donde siempre me siento rara .Cuando me paré delante de aquel semáforo viejo de los años ’30, que aún hoy sigue en pie, se me presentan imágenes del ‘Alt-Berliner Photoalbum’, un libro que amo, lleno de fotos viejas de la ciudad. En aquellas imágenes se podía comprender que era un punto neurálgico de la ciudad: Gente, tranvías, autos, bicicletas, negocios, marquesinas.

Parada allí, podía ver que del otro lado de la calle, justo en la salida de la estación de tren, había un un pedazo de muro y la línea de adoquines que indicaba por donde había pasado aquel infame paredón de cemento. Berlin Postdamer Platz: no-man’s-land. A partir de la división de Berlín en agosto del ’61, Postdamer Platz fue un centro muerto: los edificios habían sido demolidos y lo que había sido una agitada intersección, ahora estaba desolada. Atravesada por alambres de púas y garitas de seguridad, guardaba una estación de tren clausurada, el corolario de la partición de la ciudad.…

Emprendí viaje hacia el Martin Gropius Bau donde había un evento de la Berlinale y la muestra de la fotoperiodista Margaret Bourke-White. Me impresionó su condición de mujer norteamericana, fotógrafa en la segunda guerra mundial; una mujer fotografiando el horror… Las fotos de los suicidios nazis me dejaron varios minutos estupefacta parada delante de ellas… eran imágenes tan brutales, tan invadidas de silencio… Por un momento se me pasó por la cabeza que no podían ser ciertas, parecían stills de películas, o bien podían ser una obra de Cindy Sherman, aquella artista que se retrata a sí misma, posando delante de la cámara y fabricando escenas y personajes.

Seguí adelante y me encontré con la foto de Stalin. Era una foto tan humana y tan extraña a la vez que… parecía inverosímil o fuera de contexto… La foto venía acompañada de una anécdota: al parecer Bourke-White tenía la intención de sacarle una foto a Stalin, pero el tipo era una piedra. Entonces ella se agachó y se le cayeron unas pastillas (el texto estaba en alemán y no recuerdo bien los detalles) entonces Stalin empezó a reírse de la chica americana de rodillas. La sonrisa duró un momento y ahí disparó; inmediatamente después, el tipo volvió a ser una piedra.

Salí y me tomé el bus hacia lo de Julia, una artista argentina que hoy vive en Kreuzberg. Pensé que llegaría rápido, pero di varias vuelta hasta que me perdí y terminé frente al Kunsthaus Bethanien -ese edificio imponente que supo ser un hospital y que hoy es un centro cultural con residencias artísticas.
Julia me esperaba hambrienta, ya que llegué cerca de las 15 hs, disculpándome por llegar tan tarde. Su casa fue un remanso, había calor de hogar y me esperaba un plato de fideos con crema y champiñones. El vidrio de la cocina estaba empañado, afuera hacía muchísimo frío. Sentí como si hubiese llegado a la casa de una amiga, después de un largo día.

Julia fue un tanto más pausada que Clara, empezó a contarme por retazos como era que había llegado a Alemania. Me contó de Leipzig, de Berlín y de su amor por Buenos Aires. Si bien el relato acerca de sus pasos por Alemania no me quedó tan claro, comprendí la razón detrás de su trabajo. Su abuelo Rafael, un trabajador y militante del partido comunista, había hecho un viaje a la RDA en los años ’70. Parte del trabajo de Julia, tomaba como punto de partida la experiencia de su abuelo y su mirada sobre el comunismo.

Ya no había luz cuando pasamos de la cocina a su lugar de trabajo. Su taller y el de su novio eran tan acogedores como esa cocina en la que habíamos estado minutos antes. La calefacción a carbón ocupaba un lugar importante en la habitación. La presencia del Kohle nos llevó a hablar de la guerra. En Berlín todo está cambiando, pero la presencia del carbón siempre me hace pensar en el pasado. En medio de la charla, Julia me contó que había encontrado un papel o ticket de los años ’40 en un ropero. ‘¿Qué habrán visto estas paredes?’ dijo, mientras tomábamos té de forma continuada.

La entrevista salió muy bien, aunque al principio me confesó que se sentía extraña, ya que nunca había estado del otro lado. Para mi también era extraño, era la primera vez que hacía ese trabajo. De pronto me di cuenta de que era noche cerrada. La temperatura había bajado aún más y ya no teníamos el calor del té. Le dije que volvería cuando hubiera más luz. A pesar de que ya era de noche, me encontré con que en Xberg aún había mucho movimiento. Había sido un largo día y estaba contenta de volver a casa.

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abril 11, 2014

2014: Se viaja para narrar

Pasan los meses. Estas historias empiezan a cruzarse, crecen y se contraen. Acaba de pasar un tsunami por mi estudio, veremos que queda. Lo cierto es que tengo una caja donde junto libros, información y material sobre este viaje. Tengo grabaciones, escucho mi voz y la de los otros, traduzco, intento, hablo en alemán y me escucho, fallo y lo vuelvo a intentar. Reviso fotografías. Estoy aprendiendo cosas, voy encontrando relaciones íntimas de estas historias con la historia, con el espíritu de esta época. Aunque me invade el miedo de quedar atrapada en la documentación, y que finalmente no me anime a escribir, o quizá los personajes de esta historia ya no quieran escucharse. Que el tiempo pase, veremos que queda.

septiembre 26, 2013

Werner Herzog

Para responder a su pregunta: sí, en cierta medida, caminé en África. Transité los caminos hasta Juba, en parte a pie, en parte a ómnibus. Hubiese querido caminar desde Juba hasta el Congo. Quería hacer todo ese trayecto a pie, porque me había asignado la misión de entender cómo habían podido derrumbarse estructuras aparentemente estables, realizaciones técnicas aparentemente estables, gobiernos aparentemente estables. Sigo fascinado por lo que pasó en un país como Alemania, con todos sus poetas, compositores, matemáticos, escritores, científicos… ¿Cómo todo eso pudo desaparecer tan rápidamente y ser reemplazado por un estado bárbaro que llegó a poner en práctica el exterminio de un pueblo? ¿Cómo sucede todo eso? ¿De qué estabilidad disponemos? Mi fascinación por el Congo partió de allí. Se podía asistir entonces, en directo, a un derrumbe de esa índole. Pasaba frente a nuestros ojos. Más que una crisis: el caos. Con todo lo que se puede imaginar: el retorno a la prehistoria, el canibalismo, la guerra entre las tribus.

Werner Herzog, Manual de supervivencia
Extracto de la extensa entrevista al cineasta realizada por Hervé Aubron y Emmanuel Burdeau en 2008.
El Cuenco del Plata, 2013.

junio 3, 2013

Meeresstille

Tiefe Stille herrscht im Wasser,
Ohne Regung ruht das Meer,
Und bekümmert sieht der Schiffer
Glatte Fläche ringsumher.
Keine Luft von keiner Seite!
Todesstille fürchterlich!
In der ungeheuern Weite
Reget keine Welle sich.

Goethe
&
Gerhard Richter, Seascape (Cloudy), 1969 (Oil on canvas)

Gerhard Richter, Seascape (Cloudy), 1969 (Oil on canvas)

mayo 4, 2013

Primera Pregunta

¿Qué es lo que define a un hombre? ¿Cuál es la primera pregunta que se le hace a un hombre cuando quieres informarte de su estado? En algunas sociedades le preguntan primero si está casado, si tiene hijos; en las nuestras se le pregunta en primer lugar su profesión. Lo que define ante todo al hombre occidental es el puesto que ocupa en el proceso de producción, y no su estatuto de reproductor.
Franz apuró a sorbitos su vaso de vino, pensativo.

extracto de El mapa y el territorio de Michel Houellebecq